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ANDRÉS FELIPE ARIAS HA ABIERTO plaza. Percibo una cierta animadversión en su contra, un tanto injustificada. A mí me parece un muchacho empujador y arrecho, en el sentido santandereano, que no en el sentido caldense, que ni me consta ni me interesa.
Su lanzamiento es una jugada inteligente en alguien al que le caben dos o tres campañas más. Es el negoción completo. Si se lanza Uribe, Arias tendrá asegurado boleto de barrera en la campaña. Si no, peleará un puesto en la política, gane o pierda. De paso, ha puesto a Holguín y a Noemí en la necesidad de apurar el caminado. Y el haberse despojado de su cargo oficial para entrar en la pelea, les da realce a los argumentos del corte Martha Lucía Ramírez con su queja pertinaz porque los protocandidatos en el gobierno no firman rápidamente su carta de renuncia.
El problema de Arias es otro, que obedece a una paradoja de esas que sólo se dan en la política: la razón de su éxito es, a la vez, su perdición. Su capitalito político se deriva de su condición de réplica de Uribe. Clon y fotocopia lo han llamado. Su papel se nutre, por ahora de manera exclusiva, de su aspiración a servir de albacea y ejecutor testamentario de la herencia de Uribe. Pero allí está también su talón de Aquiles. Su mayor desafío es demostrar que no es un simple lameculos de Uribe, sino el guardián y administrador de los sellos de palacio. Y si no logra superar el desafío, en vez del continuador de la magna obra, blasonado y condecorado, descenderá a la categoría de peón, banderillero o simple sacamicas del régimen. Su problema central es cómo ganar identidad propia sin perder su condición de delfín oficial que ahora reivindica a dentelladas.
Pero el viernes pasado se me adelantó Bacteria en estas mismas páginas, cuando en su caricatura presentó a Arias como un Button que nace viejo con la cara de Uribe y recupera lozanía con el paso del tiempo.
Es, en efecto, un Button, pero por razón diferente. Lo que le gana ese apelativo es su mensaje inaugural tan anacrónico y ajado. En breve entrevista de radio, repitió una docena de veces que iba a recorrer el país hasta el último rincón, algo que de por sí no tiene mayor mérito y que encajaría mejor en una solicitud para emplearse como visitador médico, capitán de boy scouts o agente vendedor de Jean Claude Bessudo. Y luego, ¡por Dios!, la cantinela, que ya suena a letanía, de acudir a los pobres para colocarlos como mascarón de proa de su campaña. Pobres los pobres que van a ser inmisericordemente pobreteados en esta campaña que se viene. Me parece que Serpa agotó la cantera de la pobreza.
De Arias uno esperaba algo más fresco, más novedoso, más Obama. Ojo: ¿Más Fajardo?
En todo caso, precisamente como Button, a lo mejor Arias logra salir de la senectud y encaminarse a la niñez. El riesgo es que muera (nazca) en el intento antes de mayo de 2010.
Pero tranquilo, Andrés. Tú sabes que el puesto más importante, bajo ciertas circunstancias, va a ser la vicepresidencia de Uribe. Y sabes por qué.