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“¿Será que alguien afuera del Reino Unido va a querer ver 71?”, se preguntaba el director Yann Demange, quien nació en París pero ha pasado su vida en Londres.
Antes de dirigir esta película había trabajado en la filmación de conciertos en vivo y en la edición de comerciales para artistas como Britney Spears y Eric Clapton. Estudió en el London College of Printing y con su pieza de graduación, titulada Joe, empezó a proyectarse a nivel internacional en 2001. Sus primeras películas mostraron siempre un interés especial por explorar los detalles que identifican culturalmente a ciertos grupos poblacionales.
Ahora que está en Colombia para presentar su trabajo, Demange confiesa que se siente tranquilo, como si todo el esfuerzo por mostrar su nuevo filme empezara a verse recompensado primero en Berlín y ahora en Bogotá. Al parecer, luchar con los distribuidores no es sólo el drama de los realizadores de cine en Colombia. Para él y su equipo de producción no fue fácil convencer a los patrocinadores de financiar una película de estas características: una historia muy británica, centrada en un momento particular, conocido por ellos pero desconocido para el resto del mundo.
The Troubles (los Problemas) es el período de conflicto que vivió Irlanda del Norte en 1971, cuando se enfrentaron las fuerzas que no querían independizarse del Reino Unido con las que sí tenían intenciones separatistas. Ese es el contexto de 71.
El rodaje se inició en Yorkshire en abril de 2013. La locación parece un laberinto que, por el manejo de la cámara, podría marear al público. En algunas escenas, la estética es como la de un videojuego en el que el espectador no tiene participación. Hay una sensación que permanece: la de estar atrapado, sin salida, igual que el protagonista. Nadie quiere a un soldado británico en Irlanda del Norte.
El conflicto, aunque ajeno, logra atravesar las barreras de la pantalla de cine y conmover. La historia es contada desde la visión de Gary, un soldado que se separa de su unidad durante un motín en Belfast. Al verlo, es su conflicto y no el de Irlanda lo que cobra protagonismo. Es su drama el que moviliza las emociones. Es su niño, que lo espera en casa, la preocupación de quien observa. Es su dolor por tener que matar, es su caos al ver personas completamente perdidas en una guerra que no entienden, como sucede en casi todas, lo que produce ansiedad, miedo. Es la corrupción dentro de las fuerzas militares por las que arriesga la vida, que más bien parecen paramilitares, lo que hace pensar que la ansiedad por el poder y la religión son dos fuentes caudalosas de injusticia.
Así, contando la historia desde los ojos de Gary, es como Yann Demange logró su objetivo: crear un lenguaje tan universal como las dos cifras del nombre: 71.
@mariangelauc