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VIMOS DE NUEVO AL MINISTRO ANdrés Uriel Gallego, esta vez saliéndole al quite al accidente que le costó la vida a 30 chocoanos.
Sonó a culebrero paisa, de esos que embolatan campesinos incautos los domingos después de misa, en un rincón de la plaza del pueblo. Su secreto es un discurso verborrágico, salpicado de afirmaciones altisonantes que nada dicen y con el aderezo de anécdotas y dichos populares, que como el vaho con que dicen que la culebra controla a su presa, logran embaucar al desprevenido y venderles “remedios milagrosos y pócimas mágicas”. Aunque el ministro Gallego intente hipnotizar no con hierbas medicinales y específicas, sino con una cadena interminable de nombres de ríos y quebradas, cerros y montañas, de pequeños poblados y ciudades, puentes y ríos que literalmente dispara en un alarde de memoria geográfica, respetable pero inútil, el propósito es el mismo: embolatar a quien lo escuche. A los de ruana y a los de corbata.
Seis largos y estériles años lleva el Ministro atornillado por el Presidente al puesto. Años en exceso que lo volvieron indolente de tanto repetirse. Ya ni los errores ni las omisiones de su cartera y de su gestión le afectan mientras asiste al desastre de una red vial que parecería sin solución: carreteras que literalmente se deshacen, deslizamientos y derrumbes en los mismos pasos de siempre, camiones y tractomulas adueñados de las troncales, concesionarios que aumentan los peajes sin cumplir con el mantenimiento contratado y que por imprevisión generan embotellamientos indescriptibles y perfectamente evitables, vías secundarias convertidas en verdaderas trochas de la muerte como sucede con los 200 kilómetros de calvario que unen a Quibdó con Medellín. Un Ministro que cree que los colombianos somos ingenuos por decir lo menos y que embolatando y aplazando la acción frente a las urgencias, cumple con sus responsabilidades. Lo mismo parece creer su subalterno Daniel García, director de Invías y responsable directo en el terreno, y que hoy disfruta de una inexplicable licencia no remunerada para que se defienda de las acusaciones de la Procuraduría.
La principal vía para que 300.000 chocoanos se conecten con el resto del país y acceder al comercio, al empleo, a la educación, a los servicios de salud, se volvió un recorrido kafkiano y hasta mortal, que en vez de tomar cuatro o cinco horas hoy se demora 9 veces más. La absurda muerte de 30 personas en esa trocha por causa del abandono gubernamental, en otro país donde el gobierno sea serio y responsable, el ministro Gallego habría sido destituido fulminantemente. Para colmo del cinismo, este mismo Ministro el año pasado, en Quibdó, se comprometió a arreglar la vía, destinando para el efecto $60.000 millones de pesos, un anuncio que le mereció ser “hijo adoptivo del Chocó”. Otra promesa de culebrero, de las muchas que repite, son las ya sabidas cada vez que por derrumbes o deslizamientos se bloquea la carretera que une a Buenaventura con el centro del país, o cuando La Línea se cierra días enteros, para citar sólo los casos más alarmantes y que son triste y preocupante recordatorio de la larga lista de los temas cruciales del país que siguen pendientes, mientras la atención se la chupa el aturdimiento mediático generado desde la cumbre del poder. Desde donde todos aplican, empezando por el Presidente, la misma formula: vociferar para enturbiar la realidad.