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Los cambios en las encuestas

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SE HA GENERALIZADO LA TENDENCIA a mirar la política colombiana solamente en función de los índices de favorabilidad del presidente Uribe en las encuestas.

Es un fenómeno comprensible, porque el Gobierno ha convertido esos altos índices en una especie de fuente de poder real, que se presenta como una ampliación del poder formal de las elecciones. También lo explica el hecho de que se trata de un fenómeno relativamente novedoso, porque con la excepción de César Gaviria, que terminó su gobierno en niveles cercanos al 65% de favorabilidad, los presidentes colombianos no han sido muy populares.

Sin embargo, ese fenómeno excesivo continúa a pesar de que se han producido cambios profundos en la percepción de la opinión pública. Los análisis sobre las posibilidades de que se produzca la segunda reelección del Presidente, por ejemplo, se limitan a adivinanzas sobre la voluntad presidencial, a pesar de que el apoyo popular a la reelección inmediata se desplomó en los últimos meses, perdiendo más de 20 puntos desde las épocas posteriores a la Operación Jaque.

Lo importante de los niveles de favorabilidad de Uribe realmente no son los guarismos altos que ha alcanzado. George W. Bush llegó a niveles altísimos luego del ataque a las Torres Gemelas, y la popularidad de Bill Clinton alcanzó el pico justo cuando el Congreso lo acusaba de perjurio. Lo destacado de Uribe ha sido la estabilidad de su apoyo popular. Pero ese mismo hecho hace tan relevante la tendencia descendente que viene consolidándose desde hace varios meses, porque la imagen favorable también cayó en 15 puntos. El hecho de que el apoyo a la reelección inmediata esté 15 puntos por debajo de la favorabilidad, revela que ésta no es el aspecto más relevante en términos electorales.

Pero los datos más significativos en términos de consecuencias políticas futuras, son que el porcentaje de colombianos que opina que la situación del país está empeorando, es mayor (45%) que el de quienes son optimistas sobre el futuro, y que la economía es ahora la mayor preocupación de los ciudadanos, muy por encima de la seguridad. Una posible interpretación de estas tendencias es que los colombianos conservan la “relación especial” con el Presidente, pero que la confianza y la adhesión electoral ciegas, que mantuvieron grandes sectores de colombianos por Álvaro Uribe, están cediendo aceleradamente.

Lo mismo le ocurrió a George Bush padre durante su gobierno en 1991, meses después de haber alcanzado la cifra más alta de favorabilidad (89%) de todos los presidentes norteamericanos desde que se hacen encuestas, como resultado de la victoria contra Irak en la guerra por Kuwait. Solamente el 42% de los votantes veía favorablemente la labor de Bush en materia económica, lo que indica que la opinión pública puede separar entre las distintas facetas de un presidente, y si la faceta débil coincide con la preocupación principal de los votantes, la suerte electoral del mandatario puede voltearse. El optimismo por la situación militar y de seguridad no atenuó las preocupaciones de los norteamericanos en materia económica, al punto de que el presidente que en el 1991 parecía inderrotable, perdió en 1992 ante un político de poca envergadura nacional.

*Analista político, investigador en opinión pública.

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