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La algarabía del pico y placa

José Salgar
31 de enero de 2009 – 10:00 p. m.

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EL ANUNCIO DEL ALCALDE SOBRE LA próxima extensión del pico y placa a días enteros hizo que todo habitante de Bogotá se sintiera obligado a convertirse en experto en tránsito y saturara los medios con sus opiniones en pro y contra.

El doctor Moreno Rojas buscó con su decreto contrarrestar la baja de su popularidad en las encuestas y mejorar el pesado ambiente creado por las calles destrozadas y saturadas por el exceso de automotores y las nuevas obras calculadas para prolongarse por dos o más años.

El cambio de pico y placa venía preparándose hace tiempo; lo precipitó la algarabía pública y es susceptible de reformas, depende del tamaño de las protestas. Lo cual sería un remedio peor que la enfermedad, porque no se trata de una firme medida basada en la técnica y la realidad, sino para tratar de quedar bien con todo el mundo.

El decreto que comenzará a regir la próxima semana se apoya en conceptos técnicos, pero con influencias políticas y gremiales ante una situación que se agrava cada día. En el crecimiento de Bogotá los ingenieros de tránsito no han sido tan definitivos como en otras ciudades. Con razón se ha señalado estos días que los amos de las calles han sido los transportadores, que no dejan tocar su desmesurado poder. La construcción de nuevas avenidas y puentes o el hecho concreto del Transmilenio fracasan si no hay una efectiva supresión de los contaminadores buses-chatarra y de la cantidad de taxis piratas mezclados entre los de empresas serias y modernas.

Una falla de varias administraciones ha sido encomendar la llamada movilidad urbana a cuotas que favorecen intereses distintos al bien común, dejando en segundo término a los ingenieros especializados en ese ramo. No se aprovecha el creciente número de expertos que sale de las grandes universidades con acopio de recursos modernos para afrontar problemas como los que tienen agobiada a Bogotá.

Al serenarse los ánimos, entrar en vigencia el nuevo pico y placa y comenzar otra algarabía sobre el terrorismo urbano por la bomba en la calle 82, es importante que para el futuro las decisiones se basen más en la técnica y las cifras que en la improvisación.

COLETILLA.- En el fondo el problema no es el pico y placa, sino la plata y pico.

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