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El detonante fue el arresto de Arthur Mutambara, dirigente de una de las facciones del Movimiento para el Cambio Democrático (MDC), que lidera Tsvangirai. El cargo: publicación de informaciones falsas.
En un artículo publicado el pasado 20 de abril en el semanario independiente The Standard, Mutambara cuestionó el derecho del Presidente para seguir en el poder y acusó al Gobierno de intimidación. El político se unió en la cárcel a Davison Maruziva, director del medio.
Ésta no es la primera vez que Mugabe interviene en las urnas. En fechas recientes, varias organizaciones de derechos humanos y funcionarios internacionales denunciaron una campaña de intimidación, basada en golpes y asesinatos, para asegurar, una vez más, su reelección.
La figura de Mugabe se ha convertido en símbolo nacional para los zimbabuenses. Desde la independencia del país, en 1980, el antiguo maestro y líder guerrillero ha manejado las riendas del país. Tras 28 años como presidente, los resultados alarman a la comunidad internacional: escasez de alimentos, una tasa de desempleo del 80% y niveles de inflación de 100 mil por ciento anual.
Desde entonces, la oposición ha sido frecuentemente atacada, Durante el lanzamiento de su candidatura, en marzo pasado, calificó a sus contendientes de “brujas, prostitutas, charlatanas, traidoras y criaturas de dos cabezas”.
También amenazó con expulsar al embajador estadounidense por aconsejar a Tsvangirai. “No me importa si peleó en Vietnam. Esto es Zimbabue, no Estados Unidos”, declaró el Presidente.
El próximo 27 de junio, el MDC llegará unificado a la contienda: en 2005, por desacuerdos políticos, Mutambara decidió abrir tolda aparte. Hoy el Partido cuenta con una agenda parlamentaria única, mientras Mugabe vigila desde Palacio cada movimiento: por lo menos mientras se mantenga en el poder.