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QUE SE EMPANTANA, SE EMPANTANA la precandidatura de Germán Vargas Lleras, como consecuencia de sus múltiples indecisiones y de alguna crisis interna en su movimiento, en parte provocada por el propio Gobierno.
De tiempo atrás, quien fuera presidente del Congreso, había dejado morir la iniciativa de la reelección o así lo estimaron los dominadores del cuerpo legislativo que son los del staff presidencial. Esta fue su primera caída frente al trono imperial.
Más tarde le tocó aceptar a Vargas Lleras el paso olímpico de la primera reelección, tan abusiva como la segunda que ahora se propone. La primera incorporó, además, los ya conocidos delitos de cohecho, que vienen siendo investigados y, más aún, fallados.
Como “desviación de poder” calificó la Suprema Corte de Justicia el procedimiento irregular mediante el cual se logró la permanencia del Presidente en ejercicio. Esta sentencia pasará a la historia y no la borrará la renuencia de la Corte Constitucional a modificar su fallo de aceptación de la reforma, que permitió el estropicio (para hablar en términos serpianos).
Y Vargas ahí. Los conatos de acercamiento al sector liberal, el grupo que quiere revivir las glorias del viejo partido, no han pelechado por su negativa a separarse del uribismo y el temor a caer en las represalias del gobierno más clientelista de todos los tiempos. Si bien su tibieza en el fervor uribista no ha escapado a estas represalias. Ahí está la señora Nieto, tratada como secretaria por el titular Valencia Cossio y finalmente desesperada de su cargo de viceministra.
Ni se va ni se queda, pero hace, según dicen, campaña electoral presidencial por los caminos de Colombia. Lo cual, de paso, no deja de significar arrojo y valentía, dado el grado de amenazas y atentados concretos que ha padecido el precandidato.
No es viable la candidatura de Vargas en el uribismo, donde, además de no tenerlas todas consigo, su émulo natural, Juan Manuel Santos, lleva la delantera, con todo y su poco calado popular. Es tal la hecatombe de los precandidatos (incluidas las ingenuas expectantes Marta Lucía Ramírez y Noemí Sanín) que el Presidente se sacrificará una vez más y aceptará ser postulado para perpetuarse en el mando como el más antidemocrático de los mandatarios colombianos de los últimos cien años.
Su regreso al Partido Liberal de su abuelo será ya tardío para Vargas Lleras y difícilmente desplazaría a Rafael Pardo o a Peñalosa (bueno, Peñalosa ya no ) o al propio César imperante.
¿Qué hacer con él? Dejar que la vida pública lo lleve y lo traiga en las corrientes veleidosas de la política, pues su fuerte carácter, su furia inopinada no es, por ahora, capaz de imponerse sobre las indecisiones del momento. Tampoco era el tiempo de irse a estudiar al exterior, a menos que lo hubiera hecho por escapar a tantos asedios como le tienen tendidos, y que, en condición de reconocido simpatizante, lamento profundamente.