No desvirtuar lo virtual

La coyuntura pandémica convirtió en un imperativo la virtualidad y evidenció la realidad de la preparación de nuestras instituciones educativas, que tienen que afrontar su utilización no simplemente como una posibilidad de aumentar cobertura y optimizar los costos de sus cursos, sino que de su ejecución y desarrollo depende no solo la continuidad de su función social sino su supervivencia organizacional.

Por Rogelio Gutierrez*
30 de marzo de 2020
No desvirtuar lo virtual
Pixabay.
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La coyuntura pandémica convirtió en un imperativo la virtualidad y evidenció la realidad de la preparación de nuestras instituciones educativas, que tienen que afrontar su utilización no simplemente como una posibilidad de aumentar cobertura y optimizar los costos de sus cursos, sino que de su ejecución y desarrollo depende no solo la continuidad de su función social sino su supervivencia organizacional.

Y es que el problema de la educación virtual no puede solo centrarse en los recursos tecnológicos, sino en los procesos pedagógicos. Es claro que, al igual que en las presenciales, puede haber buenas y malas clases, pues definitivamente lo que así las determina es el nivel de apoyo, animación y acompañamiento que le ofrece el docente a sus alumnos, a la par con la calidad del contenido temático.

Pero justamente esos factores son los que mas deben cuidarse en la virtualización, pues no se trata de reemplazar el tablero por la pantalla ni al profesor por el blog de actividades. No consiste en mantener ocupado al estudiante para luego calificarlo.

Google-Classroom, por ejemplo, puede ser una excelente plataforma donde se pueden realizar evaluaciones, subir material, programar entregas y calificar, pero de ninguna forma se debe convertir en el centro de las actividades de la virtualización.

Subir, pegar y cargar fácilmente cantidad de archivos, enlaces y documentos para que el alumno se dedique a interminables pesquisas y lecturas para cumplir con grandes trabajos e innumerables preguntas tarea, (cuyo objetivo parece más destinado a revisar la cantidad de tiempo dedicado en las búsquedas y transcripciones, que a la interiorización de conceptos, pertinencia y aplicabilidad de lo encontrado), no puede ser considerado como el beneficio de las “herramientas” virtuales y por el contrario disminuye su calidad de vida y la de su familia en términos del tiempo compartido.

La posibilidad de interactuar con su profesor y con los demás participantes, el reflexionar y desarrollar la crítica frente a lo planteado, el explorar las vivencias de su tutor y ser valorado por este en sus opiniones, entre otros, son los elementos que deben prevalecer para que la clase virtual no pierda la esencia de la formación educativa.

Por ello, además de la necesidad de utilizar variedad de plataformas, es fundamental que los contenidos y el ambiente educativo se repiensen en función del nuevo escenario compuesto por tres principales protagonistas: el Anfitrión de la clase (término que implica una mayor connotación para el profesor y la institución); el Invitado, que debe contar con un entorno apropiado y el Soporte tecnológico. Por favor… ¡NO desvirtuar lo virtual!

*MBA DBA- Consultor Internacional. Máster en Gestión de Empresas de la Universidad Ramón Llull de Barcelona y estudios doctorales en administración.

 

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