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EL AFIRMAR, COMO HACEN LAS AUtoridades sin mayor vergüenza, que el retorno del 4 de enero tuvo sólo algunos inconvenientes, dista mucho de la realidad. El retorno del pasado domingo fue una pesadilla para los viajeros.
El retorno del pasado domingo fue una pesadilla para los viajeros. Entre los problemas varios de los cuales aumentan el cansancio y desgaste de los conductores, que es una de las principales causas de los accidentes se pueden destacar los siguientes:
— El mal uso, por no hablar del abuso, de los conos naranja en las vías públicas. La Policía de Carreteras se siente en el derecho y la obligación de colocar los benditos conos a su libre albedrío, donde y cómo les venga en gana, sin tener en cuenta que ponen muchas veces en peligro la seguridad de los vehículos; impiden generalmente cualquier alternativa de sobrepasar en línea recta; y contribuyen de manera directa con los trancones.
— El caos injustificado en el paso por algunas poblaciones. En Tocaima cuatro gatos, arropados con la bandera de Colombia, y ante la mirada bovina de la Policía de Carreteras, decidieron bloquear la vía nacional por cerca de tres horas. El no haber disuelto esta insignificante protesta, en detrimento de millares de viajeros, pone en evidencia una vergonzosa falta de autoridad por parte de las fuerzas de orden público o una manifiesta pusilanimidad por parte de la Alcaldía de Tocaima. Es de resaltar adicionalmente que en incontables poblaciones se abusa de los policías acostados, factor que influye de manera importante en los accidentes.
— El desorden generalizado en buena parte de los peajes a causa de la increíble ineficiencia en el cobro. Es inconcebible que en Colombia sólo exista el recaudo manual, mientras que en la mayoría de los países del mundo se han implementado los medios de pago electrónicos pre y pospago. Añadido a lo anterior, la confusión sobre la fecha en que debería regir el aumento de los peajes contribuyó de manera decidida en los trancones del domingo pasado. La misma localización de los peajes es a veces absurda: las colas en el tramo de La Línea llegaban a 15 kilómetros con demoras por encima de dos horas. En vez de colocar las casetas en el alto de la montaña, donde hay suficiente espacio para múltiples casetas, los concesionarios lo hicieron en el lugar más estrecho de la vía.
— La mal diseñada política que reglamenta el tránsito de tractomulas y de camiones en los días feriados. De esta prohibición están exentos los vehículos que transportan perecederos, pero dado que buena parte de nuestras carreteras son de montaña, se encuentran en muy regular estado, y son de doble carril nada más (con doble línea amarilla en toda su extensión), una sola tractomula puede causar monumentales demoras. El tránsito de estos vehículos con perecederos se debe limitar a las horas nocturnas.
— El Estado, en la mayoría de las concesiones, se dejó meter el gol de garantizar un tráfico mínimo. Este fenómeno ha hecho que no sólo se permita el tráfico pesado en rutas eminentemente turísticas como aquella de Mosquera-La Mesa-Girardot, sino que se incentive —con rebajas sustanciales en los peajes— el tránsito irrestricto de tractomulas, rebajas que favorecen principalmente las areneras en Ricaurte propiedad de los allegados al anterior gobernador. No tiene ninguna explicación que hasta el momento la Gobernación y el Ministerio de Transporte no hubieran tomado cartas en el asunto.
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No vacilo en recomendarles a los lectores el libro sobre la ‘Operación Jaque’ escrito por Juan Carlos Torres. El relato de Torres —ameno y emocionante— pone en evidencia que la inteligencia, unida al coraje y la decisión, es el arma principal en la lucha contra los narcoterroristas.