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EN EL CASO DEL MUCHACHO ASESInado en la Zona Rosa la posición que se asuma no puede ser ni blanca ni negra. Si el joven vilmente asesinado hubiera sido de Ciudad Bolívar, no se habría armado semejante escándalo mediático.
Y dejemos en claro que este alevoso crimen no es culpa exclusiva de la Secretaría de Gobierno o de la alcaldía local de Chapinero, como nos lo quieren hacer creer algunos comunicadores “acuciosos” que se han dedicado a atacar a las autoridades distritales. Preguntamos:
¿Acaso el muchacho estaba tomando alcohol en la calle a la madrugada? ¿Departía con sus asesinos? ¿Los conocía? ¿Qué hacía un joven en esa zona a esas horas? ¿Acaso frecuentaba la zona con cierta periodicidad? ¿Para qué? ¿Peleó el joven con sus homicidas? ¿Y dónde estaban sus padres mientras el joven estaba en la Zona Rosa?
La Zona Rosa es un problema de todos los bogotanos porque allí se dan cita personas de todos los barrios y estratos sociales para comprar drogas y trago, como también lo hacen en el Parque de la 93. Por eso las medidas adoptadas por la Alcaldía Mayor y la alcaldía de Chapinero son las correctas. Obviamente, protestarán los dueños de las licoreras y cigarrerías que son, en gran medida, responsables de la ola de violencia y por la descomposición de la Zona Roja, porque de rosa no le quedó nada.
Y sería bueno que los padres de familia se pusieran la mano en el pecho y asumieran con sinceridad el hecho de que sus hijos pueden estar comprando drogas y trago en esta zona, aun cuando lo cómodo en visita es echarles la culpa a las autoridades como lo han hecho con saña algunos de mis colegas. ¡Qué hartera produce la doble moral de nuestra sociedad!
COMCEL y el infierno
El lunes de esta semana acompañé a un gran amigo y abogado, especializado en telecomunicaciones, a acudir a las oficinas de Comcel en la calle 94 con carrera 15, porque él quería reponer su Blackberry.
Después de esperar algo más de media hora, fuimos llamados a la ventanilla, que era apenas comparable con el limbo, tal como el de Dante en su descripción del infierno.
A pesar de que mi amigo ha sido usuario de Comcel por más de seis años, le hicieron llevar fotocopia autenticada de la cédula, certificados actualizados de la Cámara de Comercio y copias de los últimos recibos de pago. Es decir que Comcel, después de tantos años, no tiene ni la menor idea de quiénes son sus clientes. Y peor aún: le tomaron las huellas ¡nueve veces!
Viendo semejante monstruosidad decidí pasearme por las otras ventanillas para ver cómo iban con los trámites de quienes con cara de desasosiego esperaban ser atendidos. El de la derecha tardó tres horas y 15 minutos. El de la izquierda, dos horas y 35 minutos. Al pobre ciudadano del frente le pedían fotocopia de la cédula autenticada, a pesar de que él estaba ahí, jurando que ésa era su cédula desde hace 40 años.
Y pensar que los celulares quedaron en manos de extranjeros. Como quien dice: los usuarios quedamos jodidos.
felipezuleta.blogspot.com