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Pintura y dibujo

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ESTOS DÍAS DE VACACIÓN PARA LA mayoría, días lánguidos para el viejo Loren, frenéticos para otros y que los disfruten, resultan propicios para descansar de temas agobiantes y pensar en voz alta sobre otros que motivan: por ejemplo, la pintura y su pariente cercano, el dibujo.

Se oye decir: estás pintando, cuando se quiere decir: estás dibujando. Lo que se plasma con líneas, curvas o rectas, intensas o desvaídas, distinto de la escritura, por supuesto, es el dibujo. Lo que tiene trazos de pincel, en colores fundidos, es lo que se entiende tradicionalmente como pintura. Pintura artística, porque la artesanal es la que conocemos como de brocha gorda, que no por humilde deja de ser grato aplicarla y observar la transformación visual que produce.

La pintura casi siempre requiere del dibujo, no así el dibujo, que no necesita de la pintura. Simplemente colorear las líneas, llenar sus espacios, como hacen los niños en cuadernos especializados, no alcanza a ser pintura. Es dibujo coloreado.

Se dan fundidas ambas técnicas en determinados artistas como en Luis Caballero, excelente dibujante, pero también pintor. O se dan artistas de sólo color y escaso dibujo, como demostró serlo de manera notable Alejandro Obregón. Generalmente quien ha tenido buenas bases dibujísticas, buena escuela, llega a manejar con soltura y mucha propiedad la pintura. Es el ideal, en ésta, que el dibujo no vaya defendido por la línea o contorno, sino que resulte de la yuxtaposición de los colores.

Son apegados al contorno, a la nitidez visual, al realismo óptico y concreto los españoles, muy herederos en esto de los italianos: lo que se transmite de un Caravaggio a un Zurbarán, para citar un ejemplo. Velázquez, tan preciso, autor de sombras intensas y planas que crean una atmósfera táctil, es otro ejemplo de pintor dibujante, en el extremo grado de la excelencia. Antecesor de la fotografía, para algunos, por la precisión documental de sus imágenes.

No es, pues, lo mismo ni hay por qué llamar pintores a los dibujantes. Cada cual está en lo suyo, cualesquiera sean las preferencias visuales de los observadores. Aquí hay dibujantes magistrales como Juan Cárdenas, especialista del self portrait y también pintor. Lo fue extraordinario, igualmente pintor, Roberto Pizano, así como Santiago Martínez Delgado, autor de los frescos, muy dibujados, del salón elíptico del Capitolio Nacional. En lo publicitario, Max Henríquez, padre de quien, con ojos nublados, nos monitorea el estado del tiempo, o el caricaturista geométrico y extraordinario, Jorge Franklin. En línea académica, expresó la caricatura con maestría Ricardo Rendón.

Caí en enumeración y no acabaría nunca, dejando, por lo demás, vacíos imperdonables. Sólo he querido pensar en otra cosa y cuánto mejor en una actividad refrescante, libre de la trágica actualidad. Que el nuevo año les pinte bonito.

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