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SI UN SACERDOTE DEBE OFICIAR EN la ceremonia de juramentación de Obama, sería mejor no acudir a este vulgar charlatán.
Es teóricamente posible hacer un comentario aparentemente prejuicioso que es en realidad correcto y moralmente sensato. Así, cuando el reverendo Bailey Smith, uno de los delegados del fallecido Jerry Falwell, sostuvo que “el todopoderoso Dios no escucha los rezos de un judío”, yo estuve completamente de acuerdo con él. Simplemente porque no creo que haya algún supervisor supernatural que encañone el oído para escuchar rezos. Del mismo modo, si alguien afirma que el “mormonismo es un culto”, es imposible decir que esa afirmación en sí misma es errada o no resulta verdadera. Sin embargo, si un orador dice que el cielo es un lugar real pero que usted no irá allí si usted es judío, o que el mormonismo es un culto y una falsa religión pero que otras iglesias y religiones son el artículo genuino, entonces usted sabe que quien ha hablado es un fanático. Eso ocurre de manera cotidiana en el maravilloso mundo de la comunidad evangélica norteamericana. Sin embargo, ¿queremos que personajes estrafalarios y raros oficien en cualquier capacidad en la juramentación del próximo presidente de los Estados Unidos? Es un hecho que Rick Warren, pastor de la iglesia Saddleback en el condado de Orange, en California, estuvo presente en una reunión en el Instituto Aspen no hace mucho tiempo y que Lynda Resnick —de la dinastía del jugo de granada— le preguntó si una judía como ella podía esperar ser admitida en el paraíso. Warren le dijo que no. ¿Qué otra posibilidad tenía? Su propia teología dice que solamente aquellos que aceptan a Jesús pueden esperar la salvación. Acabo de perder la oportunidad de debatir en la cadena de televisión CBS con uno de los principales aliados y defensores de Warren, el clérigo de Dallas que se hace llamar doctor Robert Jeffress. En la opinión de este erudito personaje, aún cuando (el ex precandidato presidencial republicano) Mitt Romney “habla sobre Jesús como su señor y salvador, él no es un cristiano. El mormonismo no es cristianismo”. También es un hecho que Rick Warren proclama como su mentor original a Wallie Amos Criswell, la figura inspiradora en el traslado hacia la derecha de la Convención Baptista del Sur a finales de la década del cincuenta y comienzos de la década del sesenta. Hacia la derecha en aquel momento y contexto significaba exactamente lo que cualquier lector puede sospechar que significaba: una fría hostilidad a cualquier activismo en favor de los derechos civiles por parte de las iglesias. A nivel teológico, también significaba la desatinada idea de la inminencia de la muerte planetaria y el corolario de las alegrías del “éxtasis” que arrebataría al creyente verdadero hacia los cielos justo a tiempo. Warren ha descrito al lúgubre lunático de Criswell como “el pastor norteamericano más grande del siglo XX” y nos ha informado sobre el místico momento, allá por la década del setenta, cuando Criswell depositó sus manos sobre las de él, a guisa de promesa. (La promesa, y no resulta asombroso en absoluto, es que en el futuro del joven Warren se cernía una congregación grande y próspera). (…)
¿Será invitado Warren a la solemne ceremonia de juramentación sin pedirle que repudie lo que ha dicho directamente de negarle salvación a los judíos?
¿Le darán a él la arenga nacional sin que haya repudiado lo que una vez dijo su mentor sobre los derechos civiles y lo que su principal partidario dice sobre los mormones?
¿Será el pueblo norteamericano sermoneado en la siguiente administración, que deberá enfrentarse a un posible Irán nuclear y a un Pakistán que ya posee armas nucleares, por un semianalfabeto educado en la creencia de que la solución estilo Armagedón (la destrucción del mundo) debe ser recibida con positivo regocijo?
Como Barack Obama está aprendiendo de a poco, su trabajo es ser el presidente de todos los norteamericanos durante todo el tiempo. Si a él le gusta, puede oponerse a la idea del matrimonio para los estadounidenses que son homosexuales. Esa es una cuestión de política con la cual las personas pueden o no estar de acuerdo. Sin embargo, el hombre que Obama ha elegido para que formule el discurso inaugural es un tenaz hombre de negocios disfrazado de clérigo que recolecta dinero con base en la propuesta de que ciertos norteamericanos —los no cristianos, el tipo de cristianos equivocados, los homosexuales, los no creyentes— valen menos y tienen menos virtud que su propio amoroso rebaño de redimidos y recuperados donantes.
Esto no puede tolerarse. ¿Es posible que Obama no conociera los antecedentes ideológicos de su último pastor? La pregunta parece plausible cuando se recuerda el modo en que toleró al odioso e intolerante Jeremiah Wright. ¿O es posible que Obama sí conoce los antecedentes de racismo y superstición y sectarismo pero piensa (como lo hizo con Wright) que sería políticamente útil para atraer a cierto sector del electorado? Cualquiera de esas posibilidades es bastante espantosa para contemplar.
Un presidente puede usar su cargo para obtener la reelección, para apuntalar su base actual, o para atraer una nueva. Pero el día de su juramentación no es precisamente el día en que debería estar haciendo eso. Es un evento que pertenece principalmente a los electores y a sus descendientes, a quienes se convoca para que vean que una larga tradición de transición pacífica es sostenida con alegría, incluso en aquellos años cuando el resultado es disputado. Yo creo que no necesita para nada de un discurso religioso, pues, para tomar prestada una observación de Lincoln en su discurso de Gettysburg, eso ya ha sido consagrado. Pero si debemos tener un sacerdote oficiante, dejemos que sea algún antiguo hipócrita dignificado que no tenga devoción por ciertas facciones, o un charlatán en busca de publicidad que cree que millones de sus conciudadanos están destinados al infierno porque no alcanzan sus bajos y vulgares estándares.
* Periodista, comentarista político y crítico literario, muy conocido por sus puntos de vista disidentes, aguda ironía y agudeza intelectual. (Traducción de Mario Szichman). c.2008 WPNI Slate.