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Circunstancias y responsabilidades

Luis I. Sandoval M.
27 de diciembre de 2008 – 10:00 p. m.

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EXISTE HOY EN EL PAÍS UNA SITUAción de crisis, pero no hay conciencia de crisis. El proyecto de la seguridad democrática se desmorona y el proyecto alternativo no cuaja. El país tiene la sensación de polarización: uribismo y antiuribismo, polo autoritario y polo democrático, sí a la segunda reelección, no a la segunda reelección del presidente Uribe.

El hecho es que, por diferentes motivos, las principales opciones que se han disputado el espacio político en los últimos años, desde el 2002, sus voceros y más destacados líderes se desvirtúan y deslegitiman ante la opinión. Gobierno y oposición experimentan un desgaste evidente y para tratar de recuperar terreno apelan a medios que la ciudadanía no entiende o rechaza abiertamente. El tejemaneje del gobierno por imponer a toda costa el referendo reeleccionista y el voto de la mayor parte de la bancada del PDA a favor de un candidato para Procurador, objetado por muchos, son muestra de comportamientos políticos problemáticos en las dos orillas.

Pero lo verdaderamente singular y grave es que estamos ante un gobierno que agota su proyecto político y una oposición que no da la talla para ser alternativa, cuando se aproximan a paso rápido las elecciones tanto parlamentarias como presidenciales del 2010. El gobierno se ha develado como lo que es: una manguala de mafias, paramilitares, poderes obscuros, falsos positivos, extrema derecha, grandes negocios y obsesión antisubversiva sin moral. En tanto la oposición no se ha develado cabalmente como lo que debe ser: transparente, democrática, coherente, vertical en sus posiciones, civilista sin vacilación, ejemplar cuando gobierna, dispuesta a sumar para formar nuevas mayorías, generadora de esperanza y de confianza entre la población. Estas son las circunstancias que vive al presente Colombia, las cuales, por supuesto, tienen responsables.

En el campo uribista, responsables de la hecatombe son el propio presidente Uribe, su gabinete y su escudero de cabecera en la Casa de Nariño, los líderes de los partidos uribistas, los funcionarios y parlamentarios mezclados con la parapolítica (muchos en prisión), los que trafican con los puestos y el presupuesto públicos en función de apuntalar artificialmente la seguridad democrática (yidispolítica), los comandantes militares y de Policía que transgreden alevosamente la ley para mostrar resultados y aquellos medios de comunicación que renuncian a su independencia e imparcialidad informativa para seguir acríticamente la onda del gobierno.

En el campo alternativo, responsables de la cortedad y desvirtuación del proyecto PDA son algunos de sus líderes parlamentarios por tener proyectos personales u orgánicos ajenos al propio partido, los dirigentes centrales del partido que no actuaron para hacer realidad el proyecto político consignado en los pactos de unidad, los elegidos a cargos públicos que rehusaron establecer una relación programática entre gobierno y partido instaurando un curso absolutamente personalista y subjetivo de la política, los que desataron y hoy promueven una lucha interna con descalificaciones, prevenciones y sectarismos a la usanza de los viejos tiempos.

Pero la política colombiana no se agota en estas posiciones. Se ensancha la franja de sectores, movimientos y líderes, hombres y mujeres, que no se han alineado con las opciones que se desgastan, o las abandonan; que son fundada, aguda pero serenamente críticos del estado de cosas que vive la nación, que vienen de experiencias innovadoras de gobierno o de experiencias duras originadas en el conflicto, que convergen en un centro abierto y progresivo, que se expresan en un periodismo sin autocensura, que están comenzando a descubrir un eje de articulación en la defensa de la vida, su dignidad, sus derechos, sus libertades, sus posibilidades de florecimiento. Contra todo pronóstico, aún hay esperanza.

lucho_sando@yahoo.es

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