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Desde que se creó en 2010 el Instituto Distrital de las Artes (Idartes), el presupuesto para teatro, danza, música, artes plásticas, cine y literatura pasó de $17 mil millones a $81 mil millones.
Que la cultura es la cenicienta en todos los gobiernos, que casi no le dan plata y que los artistas son unos hippies son paradigmas que, en Bogotá, ya empezaron a cambiar. Este año el presupuesto para las artes es el más alto en los últimos diez años y, quizás, en la misma historia local y nacional: de $23.011 millones que se le invirtió a la cultura en 2001, se pasó a $107.748 millones en 2014.
Sin embargo, esa cifra histórica en la capital colombiana obedece, en gran parte, a la creación de un organismo especializado en generar políticas públicas para la cultura y promover los escenarios que tiene la capital: el Instituto Distrital de las Artes, Idartes. Así como el Ministerio de Cultura es uno de los más jóvenes del país (se creó en 1997) y de América Latina, el Idartes apenas cumple tres años.
En ese poco tiempo de vida, sin embargo, los cambios han sido notorios: mientras en 2011 se realizaron 6 mil eventos culturales, los bogotanos participaron en 2013 de unos 12.500. Es decir, el doble. También, los ingresos que recibió la ciudad por venta de bienes y servicios culturales, ascendió de $850 millones en 2011 a $8.855 millones en 2013.
No obstante, hay una profunda preocupación que ronda no sólo a las entidades del gobierno que procuran mostrar resultados, sino al sector académico, al grueso de los artistas y, de vez en cuando, a la población en general: la todavía pueril asistencia de público. Sólo un poco menos de dos millones de personas asisten con regularidad a ver la oferta cultural de la ciudad.
Así lo demuestra la última encuesta de percepción realizada por el Observatorio de Culturas de la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte en 2013. El séptimo arte, el cine, es lo que más ha consumido la gente (el 56,7% de los encuestados visitó -por lo menos una vez- una sala de cine) seguido de los sitios históricos (45%), obras de teatro (30%), danza (29%), conciertos (29%), exposiciones de arte (24%), cuentería (21%), circo (20%), librerías (20%) y música clásica (13%).
Para Hernando Parra, investigador de temas culturales, docente y director del teatro R101, medir el consumo cultural es todavía un reto. “Desde hace más de diez años se viene dando ese debate y no es algo que se pueda resolver de la noche a la mañana. Apenas esta administración ha venido priorizando en la primera infancia, lo cual es fundamental para el desarrollo de esos públicos que tendremos en 10 años”, añadió Parra.
Para el director del Idartes, Santiago Trujillo, la mayor apuesta que ha hecho el Idartes y la Bogotá Humana es por la infancia: en 2013 se inauguraron los Centros locales de arte para la niñez y la juventud (Clan). Catorce lugares adecuados para que los niños desarrollen sus talentos fueron abiertos en nueve localidades y atendieron el año pasado a más de 15 mil.
La lista de posibilidades que se abrieron este año es larga y va desde las nuevas oportunidades laborales que ahora tienen los profesionales y artistas (que antes se varaban porque no tenían empleo) y que pasaron a emplearse en estas iniciativas que vincularon a más de 300 de ellos, así como a otras iniciativas como los Tejedores de Vida, espacios itinerantes para la formación de los niños que vinculó a 428 artistas y 155 grupos.
La buena noticia para las artes, además del incremento del presupuesto, tiene que ver con la renovación de nuevos espacios: la cinemateca Distrital cambiará de sede y se convertirá en uno de los espacios más innovadores de la ciudad y de América Latina; se abrirán más convocatorias para fotografía, danza, artes plásticas y la escena musical también se fortalecerá. En marzo se hará el anuncio oficial de estas iniciativas.