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BOGOTÁ TIENE MUCHOS PROBLEmas graves: La movilidad, por ejemplo. Parece ser que el Alcalde ya le está metiendo el diente a este problema. Pero hay otro que cada vez se destapa más: el ruido que generan los establecimientos públicos hasta altas horas de la madrugada.
Sucede en muchísimas localidades de la ciudad. Si los bares y discotecas respetaran las reglas, muy bien. Pero hacen marrullas, cambian de un día para otro la razón social, sobornan, en fin, las avivatadas típicas. Yo entiendo que la gente tiene todo el derecho a divertirse y los dueños de los establecimientos a hacer su capital. Pero sin llevarse por delante a los demás, violando el derecho al descanso. Gente que compró su vivienda en lo que hoy día es la zona G le ha tocado —los que pueden— desplazarse, o mandar a los niños a dormir a otra parte. Hay otros que han puesto doble ventana a un costo muy alto. Mejor dicho, la ley de la selva: que la ciudadanía se defienda como pueda.
Me monto en el bus para hablar del tema a ver si alguien me da una luz al respecto. Con mis vecinos de manzana tenemos desde hace cuatro años un problema con un establecimiento que se llama Novillera, en la calle 76 con carrera 13. Comenzó como un restaurante y de repente se convirtió en bar y hacen eventos, en vivo, con micrófono y recreacionista, hasta la madrugada. Yo tengo un “expediente” de las comunicaciones que he mandado a la alcaldía local de Chapinero, quejándome. Este lugar se prende cualquier día de la semana o del mes o varios días seguidos. ¡Ojo, en vivo! retumbando la música y la gritería por toda la manzana.
Dentro de mi “expediente” tengo una comunicación de 2006 del asesor jurídico de la alcaldía de Chapinero que me contesta una queja diciendo que si le permito hacer una medición sonora desde mi inmueble donde se perciben las molestias. ¡Claro que sí! pero no me dice a quién debo llamar a la una y media de la madrugada para que venga. No me da su teléfono celular para avisarle y la alcaldía a esas horas está cerrada. Llamo a la policía, me contesta un patrullero, le cuento de qué se trata, le doy la dirección del establecimiento, le pido que me la repita y el patrullero no la tiene. No es importante. Con el último derecho de petición, me tocó llamar al despacho de la alcaldesa de Chapinero porque pasaron los 15 días hábiles y no me llegó la notificación. Me leyeron la contestación, con la misma respuesta de siempre: se está tramitando la actuación administrativa. La notificación llegó muchos días después.
Los problemas que tiene Bogotá deben solucionarse con equilibrio. Me explico: hay muertes, robos y atracos pero no toda la Policía debe estar pendiente únicamente de eso. Hay violación del derecho al descanso por los rumbeaderos. Hay que cuidar los parques para que los ciudadanos los puedan disfrutar. Hay que sancionar a los que botan escombros en las calles, y a los que construyen sin permiso.
Para que los ciudadanos tengamos algo de calidad de vida, debe haber un criterio por parte de las autoridades para la solución de los problemas y la vigilancia. Hay que diseñar una política balanceada de protección al ciudadano para que se cumplan las normas mínimas de convivencia y no estar permanentemente en la zozobra de estar apagando incendios, pero hay que tener voluntad para hacerlo.
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Y Petro entró al clientelismo por la puerta grande.