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Eso se enredó

Lorenzo Madrigal
21 de diciembre de 2008 – 10:00 p. m.

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CLARO QUE SE ENREDÓ EL SENTIdo del referendo, si es que llega a aprobarse y a votarse en forma suficiente, lo que estaría por verse. Pero, en el mejor de los casos, aprobado y votado, no queda claro si la reelección del aparente único destinatario de la norma sería en el 2014 o, acaso, en el 2010.

Hay diferencia, sin duda, entre haber ejercido por dos períodos y haber sido elegido para dos períodos, como ha debido redactarse. Si se autoriza el tercer período para quien haya ejercido por dos consecutivos la Presidencia de la República, no toca con Uribe, pues para la fecha electoral, mayo del 2010, le faltarían aún tres meses para completarlos.

¿Mala redacción? Pues sí. En acuerdo con el antiguo Código (27, C .C. ) y con la hermenéutica tradicional, siendo claro el sentido de la ley “no se desatenderá su tenor literal a pretexto de consultar su espíritu”. Exégesis completa. En el caso de marras no hay palabras oscuras, el texto es claro y el Presidente no habría terminado de cumplir su tiempo constitucional. Sólo estaría habilitado, en consecuencia, para el 2014, como lo pretenden los enemigos de la reelección inmediata, en la esperanza de que llegue alguien que signifique alguna alternativa del poder. Es que ya veremos en la que se metió el país con esto de las reelecciones subsiguientes y a tiro de volverse indefinidas.

Sólo dos o tres testaferros del poder le guardarían el puesto a Uribe, sumisamente. Como si se tratara de un Núñez o algo parecido: a saber, Noemí Sanín,  Marta Lucía Ramírez o Rodrigo Rivera. Éste último, porque ahora lo mencionan y él se siente aludido como precandidato a la Presidencia.

Otros que pudieran llegar, Vargas Lleras, Lucho Garzón o el mismo Juan Manuel Santos, a la hora del tinto, evitarían que otro distinto de ellos mismos les arrebate la posibilidad de la reelección inmediata.

Pero volviendo al texto, será difícil apartarse de una rigurosa exégesis, un tanto santanderista, por la gravedad constitucional del tema, que mejor es que no admita dudas de ninguna especie que deslegitimen lo que, a la luz de la tradición del país, ya se considera un abuso de permanencia en el poder.

Aquí es donde entraría la Corte Constitucional a dirimir, quizás interpretando que un período presidencial, al que sólo le falten tres meses escasos, bien puede entenderse previsiblemente cumplido o, qué sé yo, apelando a la intención histórica de la ley.

Considero esta posibilidad, con sentido académico, no para favorecer la tesis de una segunda reelección inmediata, que sería la de una perpetuación políticamente indebida, pero la rigurosa exégesis del texto, reconocido como defectuoso, no deja de tener un cierto sabor santanderista.

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