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De la misma manera en que durante los triunfos y fracasos solemos estar acompañados, los personajes cuyos dramas humanos representa la ópera tienen casi siempre el respaldo de un coro. Algunas veces esas voces van tomando parte en el desarrollo y se transforman en el pueblo feliz o embravecido, mientras que en otras asumen el rol de Pepe Grillo, el amigo consejero. No se puede olvidar que en algunas ocasiones, incluso, se lamentan luego de la muerte del protagonista.
En La Cenicienta el coro se limita a un ensamble masculino que tiene la misión de representar a los cortesanos del príncipe azul. En este montaje actual, que se exhibirá en el Cartagena VIII Festival Internacional de Música, se ven unos 20 integrantes, entre barítonos y tenores. Sin embargo, en otras producciones puede componerse de más de 50 miembros de ambos sexos.
De pronto una fila ordenada invade el escenario, sus sonrisas delatan la alegría que sienten cuando la luz del reflector los acaricia. Es sorprendente ver el número de cantantes que no sobrepasan los 25 años; esos rostros que son el futuro de la lírica colombiana son mayoría. “El trabajo con el director escénico ha sido muy divertido, nos habla como mamando gallo, pero él sabe lo quiere y sabe cómo conseguirlo”, nos comenta uno de los tenores.
Detrás de la labor del coro está Luis Díaz Herodier, que no es colombiano pero está enraizado por cuestiones del azar y del amor. Llegó para quedarse, pues desde 1999 dirige el coro de la Ópera de Colombia. Le pone buena cara al inestable mundo de la cultura: en los años ochenta la ópera nacional solía realizar hasta seis títulos al año en varias ciudades del país, tenía mucho más tiempo de ensayo y una nómina estable de cantantes que vivían de su labor; hoy no son tantas las puestas en escena, pero se ha redoblado la dosis de entusiasmo ante la adversidad. “Algunos de los solistas de La Cenicienta son asiduos invitados de La Scala en Milán. El simple hecho de compartir escena con ellos hace que sonemos cada vez mejor”, opina Díaz visiblemente emocionado, algo raro en este hombre con fama de tener disciplina de hierro.
Javier Camarena, que interpretará el protagónico rol de Don Ramiro, ocupa sus ratos libres en dar clase a los jóvenes tenores del coro, confirmando una vez más que, como en tantas otras cosas, sobra el talento vocal en Colombia. Dos casos puntuales: Gabriela Ruiz y Karolyn Rosero, dos jóvenes voces colombianas invitadas al Festival para interpretar a las malvadas hermanastras de Cenicienta. Justamente ha sido en el coro de la Ópera en donde han podido formarse, cantar y soñar con alcanzar la gloria en los escenarios. “Están haciendo un papel al mismo nivel, aprendiendo de la vasta experiencia de los solistas italianos”, comenta su antiguo maestro.
* Músico