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La música como resultado ‘Insólito’

Son ambos franceses. El primero toca el arpa y el segundo ejecuta la viola. Por separado se aproximan a la belleza, pero unidos hacen realidad la fantasía.

Laurent Verney, viola, y Emmanuel Ceysson, arpa, durante su presentación en el concierto ‘La noche francesa’ en el Teatro Adolfo Mejía.  / Carlos Pineda
Laurent Verney, viola, y Emmanuel Ceysson, arpa, durante su presentación en el concierto ‘La noche francesa’ en el Teatro Adolfo Mejía. / Carlos Pineda

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El arpa no es una ráfaga de sonidos. Es más bien la posibilidad de entregar los sentimientos de manera pausada, tal y como si se hiciera gota a gota. Por eso, quienes interpretan este instrumento, aparatoso en tamaño, aparentemente reducido en repertorio y gigante en opciones sonoras, saben que tienen entre manos una compleja estructura capaz de imitar desde la caída lenta del agua hasta un ventarrón.

Esta caja de Pandora compuesta por madera y cuerdas cautivó a Emmanuel Ceysson desde antes de su llegada a este mundo, pues su mamá escuchó durante los últimos meses de gestación el Concierto para arpa y flauta de Mozart. A los seis años se reencontró con la obra y en ese momento decidió que su vida estaría ligada a ese instrumento. El sueño de estudiar arpa se convirtió en realidad dos años después, y desde entonces la historia de este músico francés está construida sobre las bases de un sonido que los devotos más consagrados conceden a los ángeles.

Con menos de treinta años, Emmanuel Ceysson ha dedicado más de la tercera parte de su vida al arpa y, con la madurez que da la responsabilidad de llevar la música por el mundo, es un maestro reconocido en América y Europa.

“A mis estudiantes quiero darles las herramientas para que hagan propia cualquier pieza que interpreten. Que si se enfrentan a una nueva obra sepan qué hacer con ella. Primero les doy teoría de la música para que entiendan la magnitud de lo que tienen en frente. Luego les suministro técnicas, y finalmente les exijo para que vayan más allá de las notas y puedan trasmitir lo que sienten”, comenta este joven nacido en Oulins, Francia, y descendiente de una familia amante de las letras y los libros.

Su idea del arpa ha cambiado mucho con los años y con cada interpretación. Al principio creía que era un instrumento que cumplía una simple labor de acompañamiento de la orquesta. En los viajes por Europa y Estados Unidos se dio cuenta de lo ejemplar que podía resultar la ejecución de sus obras predilectas con pocos instrumentos. Desde entonces la denominada música de cámara se transformó en su favorita.

El premio de la Fundación Víctor Salvi, el Summis Auspiciis, el Alexander Kasza-Kasser, el de la Sociedad de Solistas de Vancouver, el de la Sociedad de Música de Cámara de Buffalo, el de la Sociedad de Solistas de Nueva Inglaterra y el del Festival de Música de Usedom, en Alemania, son tan sólo algunos de los muchos reconocimientos que tiene en su haber este personaje que estudió arpa en el Conservatoire National de Région, en Lyon, con los maestros Jacqueline Defoulounoux y Christophe Truant.

La pasión de Emmanuel Ceysson siempre ha sido la música y por eso, además del arpa, también adelantó cursos de trombón, armonía y consonancia.

“El trombón me encanta todavía. Incluso de vez en cuando lo saco de su caja porque es un instrumento que exige un gran esfuerzo físico y lo que más me gusta es que, como hay que soplarlo para que suene, es indispensable respirar adecuadamente. El problema que yo tenía con el arpa antes es que sentía que con ella no podía hacer frases como se hacen con el violín o con el piano. Tocar el trombón me mostró el arte de respirar bien y de frasear. Toda esa enseñanza la apliqué al arpa y me ha dado resultado”, comenta Ceysson, quien se estrenó en el mercado discográfico con Divertissements à la française (2005).

Gracias a este trabajo superó el miedo a los micrófonos y ahora ha repetido el ejercicio en varias ocasiones. De una de esas sesiones de estudio surgió Insólito. La ópera en dúo, con el violista Laurente Verney, quien fue nombrado solista superior de la Ópera Nacional de París a los 25 años.

Numerosos e interesantes encuentros han marcado la carrera de Verney. Desde Harold en Italia, de Héctor Berlioz, grabado bajo la batuta del maestro Myung Whon Chung, pasando por su comunión con Luciano Berio, con quien trabajó durante varias jornadas, hasta llegar a su inolvidable interpretación de la Sonata para viola, de Brahms, para Harmonia Mundi, se ha especializado en promover el repertorio para su instrumento y ha tenido alianzas estratégicas que han potencializado su carrera en escenarios internacionales.

Emmanuel Ceysson y Laurent Verney, arpa y viola, hacen conjugar las cuerdas y las maderas para provecho del arte sonoro.

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