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Budapest fue durante siglos la frontera del mundo occidental. Un enigma a orillas del Danubio. Una joya rodeada de mitos y de un misticismo que con los años le dio un carácter especial a esta ciudad y, por supuesto, a Hungría. Budapest juntó en su seno lo mejor del mundo que la rodeaba y eso se ve representado en una música en la que tienen lugar el clasicismo proveniente de Occidente; el misticismo de los campos húngaros, rudos y enigmáticos; y la melancolía gitana.
Eso se ve reflejado en la música de Bela Bartok, de Zoltán Kodály y de Franz Liszt. Artistas cuyo legado es preservado hoy por una banda de virtuosos: Geza y Los Virtuosos Bohemios, una agrupación producto de un sueño, de un ambicioso proyecto liderado por el talentoso violinista húngaro, Geza Hosszu-Legocky, con el fin de apoyar a los artistas húngaros y recordar el legado de quienes hicieron tan grande a Hungría y lo volverán a hacer el próximo 9 de enero cuando engalanen el Castillo de San Felipe con su virtuosidad bohemia.
A sus 28 años, Geza es un prodigioso artista húngaro que a su corta edad ya tiene en su haber dos nominaciones a los premios Grammy y varias bandas engendradas. Pese a haberse hecho un nombre en Estados Unidos —y de la mano de la pianista argentina Martha Argerich— Geza no ha olvidado sus raíces. Fue por ello que a finales de 2010 dio inicio a un experimento que aun hoy persiste: Los Virtuosos Bohemios: 12 artistas, entre ellos el pianista húngaro Rudolphe Czene. Todos ellos virtuosos. Todos ellos con sangre gitana en sus venas.
En junio de 2011 se dieron a conocer al mundo durante el renombrado festival Progetto Martha Argerich, que se celebra en Lugano (Suiza). Su carta de presentación fue una magistral interpretación de la famosa rapsodia Nº 2 de Franz Liszt. Pronto se ganaron el reconocimiento de algunas leyendas vivientes y quienes en su momento fueron sus profesores: la violinista polaca Ida Haendel y el violinista israelí Ivry Gitlis. De hecho, ellos y otros grandes nombres ya han ofrecido a colaborar con el sueño de Geza.
Geza ya ha estado en Colombia. En 2009 se presentó en Bogotá y en Barranquilla junto con otro grupo gitano del que es padre: Los Cinco XXXXX Diablios. En esa ocasión deleitaron a su público con un repertorio compuesto por algunas piezas de Schumann, Bartok, Ravel, Franck y Beethoven y algunas obras tradicionales de su tierra natal. Ahora, con sus Virtuosos Bohemios, Geza pretende sembrar una semilla para que en medio de Cartagena nazca una noche gitana con su misticismo, con su melancolía.
El objetivo no es otro que llevar el alma húngara del escudo húngaro a las playas de Cartagena, del castillo de Buda al de San Felipe, de la que fuera la frontera de occidente —y cuna de una música de rabia, tristeza y poder— a Cartagena. Esa melodía de los pueblos errantes que hicieron la historia de Hungría, esos pueblos libres, bohemios, zíngaros. De esas gentes que quedaron entre Oriente y Occidente y, al final, fueron lo uno y fueron lo otro: clásicos y rurales. Y ahora esos pueblos son llevados al lado del mar.