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NI PARA QUÉ TE CUENTO LO SIGUI- ente, tú lo sabes:
Soy un niño de este país lejano, del Tercer Mundo, que, aunque la Tierra es redonda y gira, y a todos los países les da el mismo sol, a distinta hora, éste, en que yo nací, no está en los primeros lugares, si se miran otros más ricos, más cómodos y más seguros para vivir.
Aquí no nos llegan las guerras mundiales, de las que habla History Channel, pero hay una guerra interna de antes de que naciera mi papá y hay niños que llevan fusil al hombro y matan gente o los matan. Yo no sabía que uno se moría y me parece horrible que empezando la vida se la quiten a los niños que caen como mis soldaditos de plomo, con los que yo juego en la seguridad de mi casa.
Yo te pido les devuelvas la vida de niños a esos soldaditos; les des la vida a los niños enfermos de cáncer; les cures la piel a los que se han quemado y que dejen libres a los que tienen secuestrados para sacarles la plata a sus papás, que la han ganado precisamente para ellos.
Yo no soy rico, porque mis padres no lo son. Ellos no tienen carro ni casa, pero la van a tener o yo se las daré cuando grande. Te pido por ellos, que se sigan queriendo, que estén sanos siempre, mientras yo estudio y crezco y me sale la barba y me hago profesional en alguna cosa.
Gracias desde antes por los juguetes y la ropa bonita que sé que me llega en el árbol de Navidad y que ahí la ponen mis papás y otras personas que me quieren, porque tú quieres que me quieran y les das con qué, si no han metido sus ahorros en las pirámides, que se robaron todo.
Gracias te doy por haber sacado a Emmanuelito de la guerra y a su mamá, que se ve tan querida en las fotos de las revistas. Y por haber rescatado a Íngrid en una aventura la macha y al viejito que sacó Isaza y que ya se moría. Gracias por la vida de todos ellos y por la mía, niño divino, que naciste en una pesebrera de burritos y tuviste regalos de los pastorcitos de allá y que, gracias a Dios, te escapaste también de ese rey malo que mató a tantos chiquitos, buscándote.
En la casa hemos hecho un pesebre con las figuras de tu papá y de tu mamá, con el asno y el buey y los demás animalitos, con un estanque para los patos y caminos de arena. Le he puesto dos carritos de colección, pero tal vez se los quito, porque se ven como raros para la época. Allí rezaremos la novena y cantaremos villancicos con la abuela y el abuelo que son buenos para eso. Yo le daré a la pandereta con mis primos y así. Niño divino, que esta Navidad, que pinta alegre para nosotros, no se nos dañe y que la de otras personas, que a esta hora están inundadas o sin un peso, la puedan tolerar y esperar otra mejor que tú les vas a dar.
Este mensaje lo organizó un poco mi padrino, porque él digita mejor, pero hace burradas con mi computador, pero es lo que yo te quería decir. Va con mi firma, algo garrapateada, Juandé, ¿OK?