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La música por la paz

La Orquesta Sinfónica Libre de Quibdó es la materialización de un proyecto social que pretende acabar con la marginalidad histórica de Quibdó y mostrar la riqueza cultural y el talento musical de sus habitantes.

17 de diciembre de 2013 – 05:12 p. m.
Los niños del coro. / Sara Malagón Llano.
Los niños del coro. / Sara Malagón Llano.

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El primer concierto de la Orquesta fue en diciembre de 2012. Los educadores y la Alcaldía querían mostrar el talento musical de los niños para tener el apoyo económico de instituciones públicas y privadas. Después de eso, la Financiera del Desarrollo Findeter —al igual que el Ministerio de Cultura, la Fundación Nacional Batuta y la Universidad Tecnológica del Chocó— se acercó al proyecto donándole los instrumentos a la Orquesta. Sin embargo, en la reunión de prensa que antecedió el concierto del jueves la ministra de Cultura, Mariana Garcés, dijo que, aunque el Ministerio haya apoyado el proyecto en su primer año de existencia, no puede seguir haciéndolo porque está a cargo del financiamiento de otros grupos musicales a lo largo del país.

La Alcaldía de Quibdó y la Fundación Batuta buscan ahora el apoyo de empresas privadas interesadas en invertir en un proyecto de desarrollo social en uno de los departamentos más ignorados de Colombia: “Llevamos más de un año de trabajo, pero hoy la Orquesta necesita sostenibilidad. Estamos convocando a la empresa privada, al Gobierno, a organismos internacionales y a personalidades para que nos ayuden a financiarla por los próximos dos años. Vamos a seguir trabajando, porque la paz no se construye con la firma de acuerdos, sino invirtiendo en los niños y niñas, en proyectos como este”, dijo Zulia Mena García, alcaldesa de Quibdó.

La Orquesta está dirigida por la violista española Aldara Velasco y el coro, por la especialista en dirección coral Nelly Valencia Caizamo, la profesora Mary Nancy Moreno y el cantante Norberto Rodríguez Padilla, que entrenaron a estos niños para montar un programa que va desde ‘La piragua’ hasta la ‘Cantata BWV 147’ de Johann Sebastian Bach: “La orquesta es la Sinfónica Libre de Quibdó porque no interpreta solo música académica, sino también música que recuerda nuestras tradiciones, nuestras raíces, nuestra herencia africana. Ese mensaje de libertad todavía está aplazado en nosotros por las dificultades y las carencias de nuestro pueblo, pero la Orquesta quiere arrebatarles a la violencia y a la miseria la mayor cantidad posible de niños y niñas”, dijo Zulia Mena García.

Los niños y jóvenes, en su mayoría quibdoseños, viven casi todos en condiciones vulnerables, y la música representa ahora una manera de crecer espiritualmente: “Estos niños van a demostrar en el concierto de hoy lo que pueden hacer. La idea es mostrarle al mundo una cara diferente de Quibdó, una cara más verdadera de lo que realmente es”, dijo Juan Antonio Cuéllar, Presidente Ejecutivo de la Fundación Nacional Batuta.

Junto a la directora de la Orquesta, Cuéllar afirma que la vinculación de los niños en actividades musicales y la disciplina que genera la práctica de la música desarrollan competencias que van mucho más allá de la música misma, como el respeto, la escucha, el compañerismo, el silencio, el sentimiento de pertenecer a un grupo y la voluntad de pulir un trabajo hasta dejarlo bien hecho: “La música hace que el rendimiento escolar suba porque los niños se concentran mejor, son más responsables, más disciplinados, más juiciosos”, afirma Velasco, que además asegura que los niños chocoanos son particularmente talentosos, llevan la música y el ritmo en la sangre: “Si estos niños siguen este camino, si tiene la oportunidad de seguir practicando disciplinada y constantemente, vamos a tener una mina de músicos de talla internacional”.

Uno de los aspectos valiosos de este tipo de proyectos no reside solo en el hecho de que evita que los niños terminen comprometidos en actividades dañinas por tener mucho tiempo libre, ni en que los niños y niñas desarrollen aptitudes que sirven para su propio desarrollo intelectual. Está además en el hecho de que contribuye en el afirmarse de la música misma, en el reconocimiento de su valor e importancia en un país que todavía considera al arte algo menor con respecto a otros oficios y a la cultura como una dimensión prescindible de la vida humana.

Lo ideal no es que la música sea vista como un medio para llegar a otra cosa, como una actividad recreativa, “extracurricular”, que lleva al desarrollo de unas aptitudes específicas y de un método que sirven para avanzar en otras disciplinas. La música debería ser un fin en sí mismo, porque le da forma a nuestra manera de sentir y ver el mundo. Es el arte más bello y más complejo, y al mismo tiempo el más próximo: rara vez no termina inmiscuyéndose en nuestra propia historia, en nuestros recuerdos.

El valor social del proyecto es grandísimo: la música nos enseña a vivir junto a otros, porque se hace en conjunto, y porque nació en el centro mismo de las comunidades más remotas, en sus ritos. Pero esperemos que muchos de estos niños no dejen la música después de pasar por la Orquesta, que sigan aprendiendo para después dedicarse por completo a la música, y que esto sea solo la puerta de apertura, un incentivo, un espacio que le permite a los niños y jóvenes conocerse, descubrir en ellos una vocación.

saramalagonllano@gmail.com

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