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Hórror vacui

Lucas Ospina
11 de diciembre de 2008 – 10:20 p. m.

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En Al norte por el noroeste el director de cine Alfred Hitchcock insertó una imagen final: una pareja es perseguida por criminales en el monte Rushmore.

Con esa imagen Hitchcock creó una tragicomedia de emociones: somos pequeños ante las fuerzas de la historia pero, a la vez, basta un par de figuras, a escala de moscas, para ridiculizar las más solemnes y monumentales aspiraciones; el título inicial de la película era El hombre que estornudó en la nariz de Lincoln pero fue cambiado por temor a herir el sentido patrio.

La tragicomedia es un género ajeno al “maestro” Jaime Guevara, quien lidera el proyecto de esculpir en pleno Cañón del Chicamocha su Monumento a Latinoamérica: grito a la libertad. Incluirá las figuras de siete criollos protagonistas de la Independencia, “cada cabeza tendría 70 metros de altura y un espesor de tórax de 60 metros para que se pueda apreciar a una distancia de 15 kilómetros”. La iniciativa es similar a la que se llevó a cabo en esa misma zona, “Un monumento a la santandereanidad”, que representa la gesta comunera sobre una hoja de tabaco de 57 metros de largo y 35 metros de ancho, sembrada con 35 esculturas y 24 lanzas metálicas; un homenaje a la “raza santandereana” que pasó del dicho al hecho y que hoy vive de un turismo cautivado por parábolas mesiánicas desde que fue inaugurado por el Presidente en 2006.

La obra de Guevara tiene autorización del Ministerio de Minas y el 3 de diciembre, en la Casa Santander de Bogotá, con el gobernador Horacio Serpa a bordo, se presentaba el proyecto a embajadores, ministros de “Cultura” y “Ambiente”, y personalidades.

El maridaje entre arte, política y patria junta el hambre con las ganas de comer y en su gula los artesanos de ilusiones arreglarán cifras y proyecciones de trabajo, turismo y comercio capaces de acallar cualquier protesta estética.

Dicen que el nacionalismo es como un pedo, sólo le gusta al que se lo tira y estas densas ventosidades libertarias serán el hedor que emane de las toscas bocas esculpidas por Guevara y los políticos que lo acompañan, el aire de la zona ya no será el mismo. Está claro, el silencio de los espacios infinitos del Cañón de Chicamocha espanta a los hombres. Se trata de “quitarle a la montaña lo que le sobra y agregarle el toque mágico del hombre”, agrega Guevara delirante en su hórror vacui.

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