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Terrorífico acoso contra periodistas de Noticias Caracol

08 de enero de 2024 – 09:00 p. m.
El acoso callejero es una forma de violencia de género y varios países de América Latina lo penalizaron. / Imagen de referencia
El acoso sigue necesitando políticas públicas más ambiciosas y una conversación nacional amplia, de lo contrario condenamos a las víctimas al miedo.
Foto: El Espectador - Gustavo Torrijos

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Las denuncias de tres periodistas de Noticias Caracol son terroríficas por la amenaza que retratan, por lo sintomáticas de un problema mayor y porque demuestran el desinterés de las autoridades en construir un país seguro para las mujeres. Como informaron el pasado domingo en una emisión del noticiero, la colega Alejandra Murgas lleva cinco meses siendo acosada por un exmilitar, Alfredo Navas Alvis, quien tomó la costumbre de esperarla a las afueras de las instalaciones del Canal Caracol en repetidas ocasiones. Las también periodistas Lucía Fernanda Yánez y Katrina Melguizovski manifestaron que el mismo hombre las ha perseguido y hecho sentir vigiladas, y el noticiero encontró que Navas Alvis ya tiene una denuncia previa de acoso sexual. La Fiscalía, mientras tanto, archivó la denuncia hecha por las periodistas y, cuando reabrió el proceso, el fiscal encargado no se presentó a la audiencia.

Este caso es paradigmático, porque se enmarca en un tipo de acoso que no suele discutirse abiertamente en la sociedad. Si bien los ejemplos más graves de violencia sexual causan indignación y reacciones airadas de las autoridades, otras situaciones más comunes —que sin embargo se convierten en agresiones preocupantes, siembran terror en las víctimas y suelen escalar a otros tipos de violencia— pasan inadvertidas. Abundan los testimonios de mujeres que identificaron este tipo de actos y los denunciaron, solo para chocarse con autoridades que, palabras más, palabras menos, les dijeron que no pueden actuar hasta que ocurra algo “más grave”. Lo que esto significa es que el Estado y la sociedad les exigen a las mujeres que soporten estas situaciones sin mucho más que hacer, lo cual es inaceptable. No tenemos, además, autoridades capacitadas en género que entiendan la seriedad del tema y la importancia de intervenir a tiempo.

En Noticias Caracol, Murgas explicó la angustia que le produce todo lo que ha venido pasando: “Básicamente estoy por cumplir cinco meses desde que este señor ha estado siguiéndome y acosándome, porque para mí es un evidente acoso desde el momento en el que tengo que cambiar mi rutina. Ya no puedo salir por la entrada normal, no tengo tranquilidad a la hora de llegar. Viajé a un cubrimiento que tenía en Barranquilla de eliminatorias y allá llegó”, explicó. Por su parte, Melguizovski afirmó: “Este hombre estaba sentado al lado mío, prácticamente recostado encima de mí, con sus piernas pegadas a las mías. Me bajé en una estación de Transmilenio, él se bajó también, ahí fue cuando sentí que me estaba siguiendo; cuando llegué a Caracol, efectivamente el señor me venía siguiendo nuevamente”. El resultado de toda esta persecución es obvio: miedo e incomodidad para desplazarse en vías públicas. Eso no debería suceder.

Este caso no es aislado. Una encuesta realizada por la Veeduría Distrital de Bogotá encontró que, entre más de 3.000 mujeres mayores de 14 años, ocho de cada 10 dijeron haber vivido acoso callejero en algún momento; el mismo número señaló haber padecido acoso dentro de Transmilenio; seis de cada 10 afirmaron que no sabían cómo denunciar, y nueve de cada 10, que no acudieron a las autoridades. ¿Cómo pedir que denuncien si, como pasó con las colegas de Noticias Caracol, la Fiscalía archiva los casos sin mayor contemplación y no tiene personal capacitado para atender estas situaciones? El acoso sigue necesitando políticas públicas más ambiciosas y una conversación nacional amplia, de lo contrario condenamos a las víctimas al miedo.

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