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Marruecos, sin visa para colombianos: ocho curiosidades para los viajeros

Los colombianos ya pueden viajar a Marruecos sin visa desde 2021. Aquí contamos ocho cosas para saber antes de armar maleta. Historia, geografía, planes, comida y cultura.

Alana Barguil
22 de mayo de 2025 – 09:55 p. m.
La Kutubia, que significa “la mezquita de los libreros”, se debe a los numerosos puestos de libros que la rodeaban en sus primeros tiempos. Su altura es de 69 metros, lo que la convierte en el techo de Marrakech.
La Kutubia, que significa “la mezquita de los libreros”, se debe a los numerosos puestos de libros que la rodeaban en sus primeros tiempos. Su altura es de 69 metros, lo que la convierte en el techo de Marrakech.
Foto: Getty Images/iStockphoto - mmeee

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Desde finales de 2021, los colombianos pueden ingresar a Marruecos sin necesidad de visa para estancias de hasta 90 días. Esta medida ha facilitado el acceso a este país del norte de África, donde no es raro montar en camello entre dunas o ver globos aerostáticos sobrevolando palmerales. En sus mercados al aire libre abundan las especias, y los palacios reales exhiben patios de mármol tallado y una arquitectura única, rica en arcos, mosaicos y colores vibrantes. Sin embargo, hay detalles que suelen pasar desapercibidos a una mirada superficial. Aquí te contamos algunos:

1. Del pico nevado del Atlas al desierto del Sahara: la diversidad geográfica de Marruecos

Marruecos es geográficamente diverso: al norte tiene costas sobre el Mediterráneo y el Atlántico; en el centro, la cordillera del Atlas, con picos nevados como el Jebel Toubkal, el más alto del norte de África, con 4.167 m. s. n. m. ; y al sur, el desierto del Sahara.

En invierno, se puede esquiar en estaciones específicas a este deporte, por ejemplo en la estación Oukaimeden, cerca de Marrakech. Y en zonas como Merzouga o Zagora, es común montar en camello, dormir en haimas, las tiendas de campaña tradicionales, y observar el cielo estrellado.

El país está separado de Europa por 60 km, por el Estrecho de Gibraltar, paso por donde en el año 711 los árabes y bereberes cruzaron hacia la península ibérica, iniciando casi ocho siglos de presencia islámica en Al-Ándalus.

A man leads a camel on the shores of Yasmina lake, a seasonal lake in the village of Merzouga in the Sahara desert in southeastern Morocco on October 20, 2024.
Un hombre guía a un camello por la orilla del lago Yasmina, un lago estacional en el pueblo de Merzouga, en el desierto del Sahara, al sureste de Marruecos, el 20 de octubre de 2024.
Foto: AFP - –

2. Su capital no es Marrakech, Tánger, ni Casablanca

Aunque muchos creen que Casablanca o Marrakech son la capital, lo cierto es que Rabat se convirtió en capital oficial en 1912, durante el inicio del protectorado francés. Está ubicada al norte, a orillas del río Bouregreg y a solo 85 km de Casablanca, una de las ciudades más turísticas del país.

Marruecos es un reino gobernado por Mohammed VI, de la dinastía alauita, en el poder desde 1666. El rey es también el “Comendador de los Creyentes”, con autoridad religiosa y política. Aunque hay Parlamento, el monarca conserva amplios poderes ejecutivos.

3. Mezquita Hassan II, de las más grandes del mundo, permite la entrada a no musulmanes

Marruecos cuenta con miles de mezquitas, pero solo dos permiten el ingreso de personas no musulmanas. La más imponente es la Mezquita Hassan II, en Casablanca, construida parcialmente sobre el océano. Es una de las más grandes del mundo y ofrece visitas guiadas que revelan su riqueza simbólica y arquitectónica.

Mezquita de Hassan II (Marruecos): En pleno corazón de Casablanca se erige la mezquita de Hassan II, emblema de esta ciudad marroquí. Aunque el proyecto estuvo marcado por algunas voces críticas, se ha convertido en una de las mezquitas más bonitas del mundo. Para muchos, la que más. En su construcción participaron miles de artesanos, que trabajaron con los mejores mármoles, maderas y granitos. Todos los detalles de este edificio fueron pensados minuciosamente, y sus números son realmente impresionantes. Posee el minarete más alto del mundo, su sala de oración permite albergar hasta 25.000 fieles, y en su explanada exterior entran 80.000 personas. Como curiosidad, el templo cuenta también con un rayo láser luminoso instalado en la parte más alta del minarete, con un alcance de 30 kilómetros que proyecta luz durante toda la noche en dirección a La Meca.
Mezquita de Hassan II (Marruecos): En pleno corazón de Casablanca se erige la mezquita de Hassan II, emblema de esta ciudad marroquí. En su construcción participaron miles de artesanos, que trabajaron con los mejores mármoles, maderas y granitos.
Foto: Cortesía Civitatis

4. El pueblo bereber y su herencia viva

Los bereberes (o amazigh, “hombre libre”) son los pueblos originarios del norte de África. Su cultura nómada ha florecido entre las montañas del Atlas y el Sahara, y aún hoy conservan su lengua, el tamazight, reconocido oficialmente por el país. Su símbolo identitario es el símbolo de la libertad ⵣ, presente la bandera que representa a su pueblo nómada. A pesar de haber sido marginados por siglos, los amazigh siguen presentes en la identidad cultural marroquí.

Taznakht (Morocco), 21/11/2024.- A carpet seller talks to customers at the weekly market in Taznakht, Ouarzazate province, Moroccoa, 21 November 2024, during the seventh edition of the Ait Ouaouzguit Carpet Festival running from 20 to 24 November under the theme 'The Ait Ouaouzguit Carpet: Between Tourism Valorization and Socio-Economic Empowerment of Women Weavers.' The region in south-eastern Morocco is famous for producing Ouzguit carpets, named after the Ait Ouzguit tribes, which are Berber tribes that inhabited the southern slopes of the High Atlas Mountains. (Marruecos) EFE/EPA/JALAL MORCHIDI
Un vendedor de alfombras habla con los clientes en el mercado semanal de Taznakht, provincia de Ouarzazate, Marruecos, el 21 de noviembre de 2024, durante la séptima edición del Festival de Alfombras de Ait Ouaouzguit.
Foto: EFE - JALAL MORCHIDI

5. Un país de mercados, especias y Cuscús

Marruecos es reconocido por sus zocos, los mercados tradicionales de los países árabes que usualmente son al aire libre, llenos de aromas a canela, comino y cúrcuma, tejidos coloridos, joyería artesanal y objetos metálicos con arabescos.

Su plato más representativo es el cuscús, de origen bereber. Se prepara con sémola de trigo al vapor, verduras y carne (pollo o cordero), y se sirve tradicionalmente los viernes después del rezo, como símbolo de comunidad y hospitalidad.

6. En Marruecos el símbolo del amor no es el corazón, es el hígado

En la cultura marroquí, el hígado, no el corazón, es tradicionalmente el símbolo del amor y la pasión. Este concepto se basa en la creencia de que el hígado es la fuente de emociones y sentimientos, y que quien te ha robado el amor te ha “conquistado el hígado”.

También se asocia con la buena digestión y el bienestar, por lo que representa afecto duradero y sincero.

7. Chefchaouen: la ciudad azul con raíces judías

Chefchaouen, o más conocida por Chauen, en las montañas del Rif, una zona montañosa al norte del país, es una famosa ciudad conocida por sus edificaciones azules. Las casas y los callejones pintantados de azules vibrantes hacen a la ciudad un destino interesante para perderse y explorar. Se cree que los judíos sefardíes que huyeron de la Inquisición española, que llegaron a vivir a Marruecos, pintaron las casas así para recordarles el cielo y a Dios.

8. Ceuta y Melilla: enclaves europeos en África

Ceuta y Melilla son dos ciudades autónomas de España en la costa norte de África. Ceuta está en el estrecho de Gibraltar; Melilla, más al este. Ambas están bajo soberanía española, desde el siglo XV y XVII respectivamente. Por ende también son parte de la Unión Europea.

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Desde España se puede llegar por ferry o avión. Desde Marruecos, se cruza a pie por pasos fronterizos, aunque se necesita visa Schengen. Su mezcla de culturas, arquitectura colonial y tensión fronteriza las convierte en espacios únicos entre “dos continentes”.

MELILLA, 08/12/2024.- El recinto amurallado de Melilla la Vieja protegió a los melillenses cuando el sultán Sidi Mohamed Ben Abdallah sitió la ciudad el 9 de diciembre de 1774.  La bandera española ondea en Melilla desde 1497, pero la historia estuvo a punto de cambiar hace justo dos siglos y medio con el inicio de su asedio más largo e importante. Durante cien días, los melillenses defendieron con uñas y dientes la ciudad, que protegieron del ejército vecino gracias a sus murallas y el apoyo decidido del rey Carlos III. EFE/Giner
El recinto amurallado de Melilla la Vieja protegió a los melillenses cuando el sultán Sidi Mohamed Ben Abdallah sitió la ciudad el 9 de diciembre de 1774. La bandera española ondea en Melilla desde 1497.
Foto: EFE - Giner

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Alana Barguil

Por Alana Barguil

Historiadora y periodista en formación de la Universidad Javeriana.  abarguil@elespectador.com
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