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Ignorar lo escrito

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UN HECHO CON EFECTOS MASIVOS descomunales como el de las pirámides de captación ilegal de dinero dejó probada la repercusión de los medios al expandir la alarma. Pero es perturbador comprobar cómo fue ignorada la alerta que con más de un año de anticipación dio la prensa escrita colombiana sobre este asunto y permitió su fatal proliferación.

El periodismo escrito está llamado a investigar anticipándose a la actualidad, porque está menos marcado por ella. La opinión tiene su asidero en la prensa escrita que toma distancia del poder y de la atribución oficial de los espectros electromagnéticos o de la televisión pública. Lo ocurrido en los dos últimos años con el periodismo escrito en Colombia determina un endeble panorama de independencia informativa.

Los hechos más relevantes son: la propiedad que obtuvo un grupo internacional como Planeta de El Tiempo. La transformación de El Espectador de semanario a diario de circulación nacional con un crecimiento de 35% en lectores. La creación de periódicos populares, con más de 20 títulos salidos en los últimos tres años. De los 10 diarios más vistos, siete son de este corte con un millón quinientos mil lectores en cuatro ciudades colombianas. La suma de todas las revistas da un total de 4,8 millones de lectores. Las dos más leídas son TV y Novelas y Soho, con más de un millón de lectores mes cada una y un contenido de evasión. Las tres revistas culturales colombianas El Malpensante, Arcadia y Número, tienen un tope alcanzado de 100 mil.

También según el EGM de noviembre, La República y Portafolio, especializados en economía, han crecido. Bogotá ha bajado en lectura de prensa y ha subido un poco Medellín, manteniéndose adelante Barranquilla en consumo de prensa escrita. Q’hubo, creado por el Grupo Nacional de Medios, mixtura de diario popular barato, nacional y local, con un sensacionalismo revestido de interés social, tiene 508 mil consumidores. El Tiempo, con un diario similar como Hoy, lanzó un diario gratuito tabloide como ADN para probar nuevas audiencias jóvenes económicamente activas. Como si la competencia por lectores fuera de cifras. De abarcar más que de apretar.

No hay experiencias ni estrategias de conquista temática o de credibilidad. Sólo las revistas informativas, las culturales y un diario de interpretación como El Espectador, prueban con el debate y la opinión. Los otros apuntan al cubrimiento y al impacto. No hay evolución en la creación de impresos que atiendan necesidades distintas, que compitan por un público ávido de asimilar una realidad desconcertante como la colombiana.

Los millares de nuevos lectores virtuales acceden a periódicos y revistas a través de internet o se informan por blogs, mensajes de texto y audiencias furtivas de radio y de televisión, lo que obliga a los medios escritos a reconfigurar sus contenidos y estilo de informar para tratar de encontrar interés en grupos más amplios hasta ahora reacios.

Pero es un horizonte escaso, donde sólo se destaca el aumento de los diarios populares que apuntan en regadera pero no inciden en la opinión. No se vislumbra en la prensa escrita colombiana un empuje que pronostique la consolidación de su poder de independencia y aliente la capacidad de disentir, para no resultar inocuo como en el caso de las pirámides. Que combata al país liviano que es manejado por televisión con el poder de la sugestión, con las consecuencias que tenemos a la vista.

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