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La delgada línea

Se despide la Semana Santa. Escribo desde la montaña. La niebla se cuela entre los árboles y sus troncos apenas se vislumbran en grises, como fantasmas de sí mismos, los mismos que en mañanas de sol y cielo azul muestran su poder, macizos, retorcidos o sensuales. El follaje igual, casi negro, sombrío, danzando misterioso con la música del viento vespertino. No adivino de qué hablan, pero los siento comunicarse. Niebla, viento, ramas. Dicen que el viento es la voz de Dios y se necesita mucho silencio interior para escucharla.

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