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Así se vivió el caos este jueves en la alcaldía de Bogotá

Los gases lacrimógenos penetraron en el Palacio de Liévano este jueves. Patrulleros persiguieron a los transeúntes de manera indiscriminada.

María Sierra toma un descanso en su restaurante mientras la Policía y los manifestantes se enfrentan en la Plaza de Bolívar./ Cortesía Natalia Cubillos, La República
María Sierra toma un descanso en su restaurante mientras la Policía y los manifestantes se enfrentan en la Plaza de Bolívar./ Cortesía Natalia Cubillos, La República

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Desde muy temprano Gustavo Petro tuvo que ausentarse: “El alcalde mayor de Bogotá está retrasado. Está en la sala de crisis por la coyuntura del paro agrario”. El mensaje fue transmitido por un moderador del seminario internacional sobre el Plan de Ordenamiento Territorial.

Los espectadores esperaban desde las 8:00 a.m. de este jueves las palabras del alcalde en el auditorio Huitaca del Palacio de Liévano. Pero esas palabras llegaron pasadas las 10 y el auditorio tuvo que escuchar en silencio los discursos de la alcaldesa de Lima y de la vicealcaldesa de Quito. Petro habló antes del mediodía y luego anunciaron una pausa.

Uno, dos, tres, cuatro…nueve gases lacrimógenos. El reloj marcaría la una o las dos de la tarde del jueves. En el Palacio de Liévano solo se respiraba gas pimienta. Los funcionarios bajaron las escaleras llorando, con los mocos tendidos, buscando los baños del primer piso. ¡Agua, deme agua! gritaban algunos. Desesperados, intentaron refrescarse con el agua del baño y lo único que conseguían era irritarse aún más la piel. Más gases lacrimógenos.

El alcalde, de nuevo en la sala de crisis. Desde allí, la Secretaría de Gobierno y la Policía Metropolitana intentaban monitorear a unas 10.000 personas que luego de un largo trayecto habían alcanzado la Plaza de Bolívar. Quizá no percibieron en sus pantallas a las personas que con gritos le suplicaban al personal de seguridad de la alcaldía que los dejara entrar. “¡Hay una mujer desmayada, ayuda!; ¡Hirieron a un periodista de Canal Capital!; ¡Él está sangrando!”; “¡No puede caminar, le pegaron en la pierna!”. Algunas súplicas fueron atendidas con esa nube espesa de gas pimienta de por medio que atestaba la alcaldía y nublaba todo.

En la Plaza de Bolívar el paisaje era aún más gris. En el piso caían piedras, gases, palos. Los policías disparaban chorros de agua. Y todos corrían: personas con ruana y sombrero, ’encapuchados’, vendedores ambulantes. En medio de la incertidumbre el director del Instituto para la Economía Social (Ipes) se atrevió a arrojar una hipótesis: “La Policía está gaseando sin razón, provocando en Jiménez con séptima”. Otras versiones decían que los ‘encapuchados’ habían provocado a los agentes del Esmad (Escuadrón Móvil Antidisturbios) con piedras. ¿Las ventanas de algunos bancos en la séptima estaban rotas? sí. ¿La mujer desmayada en la alcaldía protestaba pacíficamente? sí.

En la tarde de este jueves, la Secretaría de Gobierno había registrado 38 heridos e “identificado a 30 encapuchados que pretendieron acabar con la manifestación pacífica”. En la tarde, la escena del gas lacrimógeno inundando la alcaldía se repitió dos veces más. Afuera, las personas con ruana y sombrero se secaban las lágrimas y regresaban a cantar junto a la estatua de Simón Bolívar. Detrás de ellos caminaban cientos de jóvenes ansiosos por la jornada.

Solo un modesto restaurante en la calle 11 con carrera octava mantuvo sus puertas abiertas desde las seis de la mañana. “Se llama Platolandia y hemos estado en todos los paros desde 1991”, dice María Sierra, dueña del negocio. Con los ojos llorosos y un tapabocas atendió los domicilios que le pedían desde el Congreso: “Acá se han sentado muchas personas a almorzar. Menos mal los policías y los manifestantes no se han encontrado”. Gas lacrimógeno. Los meseros bajan la reja, se tapan la boca, toman agua, lloran. “Así ha sido siempre, los paros no han cambiado” dice, con algo de incredulidad, Sierra. Su frutería- restaurante fue un refugio para los funcionarios del centro, para los periodistas y para algunos niños que corrían despavoridos ante los constantes estruendos que se escuchaban en la plaza.

En la alcaldía el seminario internacional sobre Plan de Ordenamiento Territorial continúo. A veces, el ruido de la manifestación opacaba los discursos. En el salón paralelo de la sala de crisis todo continuaba igual también. Afuera, las mismas acciones se repetían: chorro de agua, gas, regreso de los manifestantes, lágrimas. Sin embargo, de las 10.000 personas que protestaban en la plaza al mediodía tan solo quedaban unos 20 al atardecer.

Están saqueando San Victorino, gritó un auxiliar de Policía. En la noche del jueves, el centro de la ciudad estaba rodeado por agentes del Esmad que viajaban en motos persiguiendo a ¿los manifestantes? Las tiendas de San Victorino estaban cerradas. Algunas tenían las ventanas rotas: “se robaron un montón de cámaras. Esos eran unos vándalos” dijo un policía que patrullaba por la zona. Por la calle caminaban las personas que no lograban conseguir transporte público. Ellos, algunas veces, fueron confundidos con “esos vándalos” y fueron amenazados.

Los agentes perseguían a todo aquel que corriera. Las personas que esperaban un bus en la calle 19 con séptima, por ejemplo, tenían que correr cuando veían que una turba de policías empezaba a levantar los bolillos mientras aceleraban sus motocicletas. “¿Por qué me va a pegar a mí si yo no estoy haciendo nada señor?, le preguntaba una mujer a un agente del Esmad”. Éste respondió: “Todo aquel que esté en la calle a esta hora es un vándalo”. Desde las torres del parque hasta la avenida Jiménez, el tipo de patrullaje era el mismo. Los buses se pasaban los semáforos en rojo y la gente corría, con miedo, buscando otro paradero más seguro.

Al caer la noche de este martes hubo más dudas que certezas. Dicen que hubo más de un muerto durante la jornada y ya existen denuncias desde las Unidades de Reacción Inmediata (URI). En los medios de comunicación aparecen estos titulares: “En Puente Aranda hay detenidos incomunicados y cuatro heridos sin atención médica”; “El centro Regulador de Urgencias confirma 173 heridos tras disturbios de esta tarde en Bogotá”. Y el alcalde Gustavo Petro dijo, al finalizar la noche del jueves, que hubo “un fallecido en La Gaitana, Suba. Un menor de 16 años. Bogotá Humana se enluta”.

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