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“Se trata de amedrentar a los periodistas independientes de cara a las elecciones parlamentarias de septiembre”, declaró Alexander Starikiévich, director del diario independiente “Salidarnast”.
Starikiévich cifró en trece los reporteros cuyos domicilios fueron registrados el jueves en una operación conducida por el Comité de Seguridad del Estado (KGB) en once ciudades de este país, el único del continente que no es miembro del Consejo de Europa
“Era una operación muy bien planificada por los cuerpos de seguridad cuyo fin era obstruir la labor de los reporteros más críticos con Lukashenko”, dijo en conversación telefónica desde Minsk.
El Departamento de Estado norteamericano ha denunciado que más de 30 periodistas fueron detenidos o sus apartamentos registrados por agentes del KGB, que se incautaron de ordenadores, faxes, grabadoras y discos, entre otras cosas.
La mayoría de los periodistas, detenidos pero puestos en libertad al poco tiempo, tienen vinculación con el canal de televisión por satélite BelSat y la emisora de radio Ratsia, financiados por las autoridades polacas con fondos europeos, y también con la Radio Europea.
Starikiévich relacionó la campaña con el empeoramiento de las relaciones con Estados Unidos, cuyas sanciones contra una compañía bielorrusa han desembocado en la salida de la embajadora y cerca de 20 diplomáticos norteamericanos del país.
Según la Asociación de Periodistas de Bielorrusia, los agentes acusan a casi todos los reporteros de difamar al presidente, cargo que puede ser castigado con varios años de cárcel, la operación podría tener relación con el escándalo desatado por los dibujos animados satíricos difundidos por BelSat y otros medios independientes en internet en los que se caricaturiza a Lukashenko.
Fuentes en BelSat, que comenzó a transmitir en diciembre del pasado año, apuntan que su cobertura de los violentos enfrentamientos entre oposición y policía el pasado martes en Minsk podrían ser también la causa de la actual represión.
“Las pocas esperanzas de liberalización del régimen que quedaban han sido frustradas”, apunta Starikiévich.
El director del diario opositor acusa a Lukashenko, en el poder desde 1994, de imponer el “monopolio de la opinión”, de forma que cualquier diario o periodista que discrepe o le critique puede recibir represalias de inmediato.
Las críticas al presidente costaron a “Solidarnast” la prohibición de salir a la calle, al igual que en muchos otros casos, ahora sólo se difunde por internet. Por su parte, uno de los líderes de la oposición democrática, Anatoli Lebedkó, aseguró que con esta nueva campaña de represión Lukashenko allana el camino de cara a los comicios de septiembre y envía un mensaje a Occidente.
“El pueblo debe ser consciente de que no habrá canales de información alternativa a los oficiales. En cuanto a Occidente, Lukashenko lanza una advertencia a la Unión Europea”, señaló.
Las autoridades mantienen que los registros de ayer se deben a que esos reporteros trabajan ilegalmente en el país sin la debida acreditación periodística y aparte son pagados con dinero extranjero.
Esta semana un periodista bielorruso ya fue condenado a quince días de cárcel por participar en las violentas protestas opositoras en Minsk, que desembocaron en una batalla campal entre activistas y efectivos antidisturbios.
El reportero del diario “Nasha Niva”, Semión Péchenko, fue detenido por tomar parte activa en los disturbios, en los que fueron detenidos alrededor de 100 activistas, según la versión de un Tribunal de Minsk.
Tanto la Presidente de turno eslovena de la UE como la Federación Internacional de Periodistas o Reporteros Sin Fronteras denunciaron hoy el empeoramiento del trato que se está dando a la prensa en Bielorrusia.
El Comité para la Protección de los Periodistas ha incluido a Bielorrusia entre los diez países más censores del mundo, junto a Corea del Norte y Cuba.