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Para suavizar la polémica medida, que ningún Ejecutivo se atrevió a sacar del cajón desde que fue firmado en 1991, el Gobierno socialista ha establecido un periodo de transición de seis años para la plena aplicación de este protocolo, que unificará el idioma de ocho países y más de 200 millones de personas.
Más allá del léxico, sintaxis o morfología, es el orgullo patrio lo que está en juego en Portugal con este acuerdo, que introduce tres nuevas letras en el alfabeto, modifica la utilización de las tildes y elimina las consonantes que no se pronuncian, entre otras alteraciones.
El acuerdo, ratificado por el Gobierno luso el pasado día 6, había sido suscrito hace siete años por Angola, Brasil, Cabo Verde, Guinea Bissau, Mozambique, Portugal y Santo Tomé y Príncipe, y deberá ser refrendado ahora por el Parlamento.
Escritores, editores, políticos e intelectuales portugueses opinan que con este protocolo Portugal cedería a los intereses de Brasil, que impone la fuerza de sus cerca de 180 millones de habitantes.
Una de las razones esgrimidas para suscribir este protocolo es que sería imposible la afirmación internacional del portugués con varias ortografías diferentes, aunque sus detractores ponen como ejemplo el crecimiento del español, a pesar de las divergencias existentes en este idioma en España y los países latinoamericanos.
Estos detractores confían en que el Parlamento portugués no ratifique el documento, ya que, a pesar de la mayoría absoluta del Partido Socialista (PS), hay diputados de este grupo que se muestran en contra.
De esta forma, el coordinador de Cultura y Educación del grupo parlamentario socialista, Luis Fagundes Duarte, dijo a Efe que todavía no han decidido si se impondrá una disciplina de voto en un tema "sensible" como éste, aunque adelantó que él votará en contra de una "equivocación" del Gobierno, como es aprobar este texto sin consultar a los especialistas.
El profesor y lingüista Joao Malaca Casteleiro, que colaboró en la elaboración del acuerdo, afirmó que sería conveniente que existiese "una ortografía y no dos", en referencia a las usadas en Portugal y Brasil.
Ante las reticencias manifestadas por el ciudadano de a pie, existe la duda de si este acuerdo no pasará de aplicarse únicamente en documentos oficiales y textos escolares.
Los escritores mostraron sus dudas sobre el futuro del texto y Lidia Jorge, una de las autoras nacionales más reconocidas, restó calado a las alteraciones y dijo que el acuerdo tiene "inmensos defectos" , aunque más vale éste que ninguno
En unas palabras recogidas en el semanario "Expresso", el Premio Nobel luso José Saramago fue claro sobre lo que espera del futuro sobre este acuerdo: "Le deseo éxito y muchos libros buenos, escritos a la forma antigua o moderna, y que no me obliguen a escribir de otra manera en los pocos años de vida que me resten".
Más tajante fue el presidente de la Asociación Portuguesa de Editoriales y Libreros (APEL), Antonio Batista Lopes, que aseguró que la riqueza de la lengua debe ser salvaguardada.
Sin embargo, una editorial ha visto una oportunidad de negocio y ya ha publicado diccionarios que recogen las nuevas normas, a pesar de que están sin ratificar.
Desde los medios de comunicación también hay disparidad de criterios y el director de "Diario de Noticias", Joao Marcelino, dijo que introducirán los cambios "gradualmente y teniendo en cuenta la realidad portuguesa", ya que sería "impensable" adoptar algunas de sus normas.
Nuno Pacheco, subdirector del diario "Público", dijo que no les preocupa este tema y que por ahora no se va a "tocar" su libro de estilo, aunque no descartó aplicar el acuerdo en un futuro lejano.
Por contra, el secretario general de la patronal de publicistas, Fredy Vinagre, destacó que el sector está abierto a estos cambios, aunque reconoció el "riesgo" de intentar vender un producto con una lengua que pueda ser rechazada por los propios consumidores.