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Bianchi está de vuelta

Hugo Sabogal
15 de noviembre de 2008 – 10:00 p. m.

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Esta bodega familiar, que es una de la más tradicionales y respetadas en Argentina, llegará a Colombia con sus finas  etiquetas. Historia de su nacimiento y del emprendimiento de su creador.

A partir del próximo jueves, la marca Valentín Bianchi volverá a insertarse en el mercado colombiano, donde ha tenido una presencia cíclica a lo largo de los años, pese a la fama y calidad de sus etiquetas. Todo parece indicar que, esta vez, llegará para quedarse.

Al tratarse de una de las bodegas más tradicionales y respetadas de Argentina, vale la pena familiarizarse con su trayectoria y estilo para entenderla y apreciarla.

Su fundador fue el ciudadano italiano Valentín Bianchi, quien llegó al país austral, en 1910, procedente de Fasano, localidad ubicada en la zona inferior de la bota italiana, no muy lejos del Mar Adriático. Su historia no es distinta a la de tantos otros inmigrantes italianos y españoles, que llegaron a Argentina en busca del “sueño americano”. Todos querían una vida mejor y las tierras australes no tenían nada que envidiarles a las del hemisferio norte, donde alemanes, irlandeses, ingleses, daneses y también italianos escogieron hacer un nuevo camino.

Aunque a muchos les parezca inverosímil, Argentina rivalizaba, a finales del siglo XIX, con Estados Unidos, como tierra prometida para soñadores de todas las estirpes y condiciones. La leyenda dice que, parados en el puerto de Nápoles, los jefes de hogar lanzaban una moneda al aire y gritaban: “Cara para Norteamérica, cruz para el Sur”.

Lo cierto es que, en los albores del siglo XX, Argentina se percibía –y la visión se mantiene hoy– como un territorio bendecido por los cielos: inmensamente grande y variado, pintoresco y cautivante, rico y prometedor, pero difícilmente administrado. Desde hace más de 100 años, Argentina ocupa las primeras posiciones como proveedor abundante de materias primas esenciales para el hombre, como carne, soja y cereales. Y en materia de producción de vinos ha estado entre los cinco primeros. No hay duda de que la magnificencia de Buenos Aires es el reflejo de esa era de deslumbrante esplendor.

Los italianos como Bianchi lo sabían. Y también sabían que la tierra prometida no sólo era Buenos Aires. Tras llegar a la capital federal, Bianchi se mudó a San Rafael, en la provincia de Mendoza, a unos 1.000 kilómetros de Buenos Aires. Allí inició su vida laboral como empleado del Banco Francés y se desempeñó en oficios varios antes de realizar su sueño de convertirse en productor de vino. Eso ocurrió 18 años después de haber pisado tierra americana, es decir, en 1928.

Inicialmente, Bianchi bautizó su emprendimiento con el nombre de El Chiche, pero pronto lo cambió por el de Bodegas y Viñedos Valentín Bianchi. Una vez puso a la empresa en órbita, la dejó en manos de sus hijos y nietos, y fue a morirse a Italia. Hoy día, Bianchi es una de las pocas bodegas familiares que continúan en manos de los herederos del fundador.

Desde muy temprano, la apuesta de la casa Bianchi gira en torno a los vinos de calidad superior, con un especial énfasis en los espumantes.

Bianchi es, también, una de las bodegas que más invierte en el manejo agrícola de los viñedos. En una reciente degustación de toda la gama, en la sede de la empresa, en San Rafael, fue interesante ver que el tiempo –y el dinero invertido– ha rendido sus frutos. Y esto se nota en un vino sencillo como el Don Valentín Lacrado, un tinto clásico de ensamble, convertido en ícono de la vitivinicultura argentina. Aunque en tiempos pasados este vino presentaba notas evolutivas y oxidadas –respondiendo al estilo del paladar genético de los consumidores tradicionales del país austral–, la nueva versión se ha adaptado a los gustos contemporáneos, destacando la fruta y la frescura. El nuevo Don Valentín Lacrado es una mezcla poco usual de Malbec, Cabernet Sauvignon, Merlot, Syrah y Pinot Noir. Aunque en algo se han modernizado la etiqueta y la botella, el espíritu del producto sigue fiel a sus orígenes.

En el otro extremo de la balanza está el Enzo Bianchi, bautizado así como tributo a quien fuera, por medio siglo, el enólogo principal de la bodega. El Enzo es un vino de grandes ligas: robusto, con gran personalidad e intensidad y concebido para acompañar momentos de larga recordación. En su esencia, el Enzo encierra el típico estilo bordelés antiguo, al combinar cepajes como Cabernet Sauvignon, Malbec y Merlot.

También sorprenden otras líneas como Particular, introducida para satisfacer paladares exigentes. Esta incluye una trilogía de Malbec, Cabernet Sauvignon y Merlot. No menos destacada es la gama de Famiglia Bianchi, mucho más alegre y descomplicada, compuesta por Cabernet Sauvignon, Malbec, Sauvignon Blanc y Chardonnay. Luego siguen el Bianchi DOC (Denominación de Origen Certificada), en sus presentaciones de Malbec, Cabernet Sauvignon, Merlot y Chardonnay.

Como se aprecia, Bianchi es una bodega muy dispuesta a apostarles a los elementos clásicos, pero con un acento moderno y fácil de disfrutar.

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