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El filósofo de Yondó suele expresar que se juega como se vive. Y tiene razón, esta vez sí tiene toda la razón, pues peor no se puede jugar y difícilmente se puede vivir, sobre todo en un país donde sucede todo lo que está pasando y nadie quiere darse por enterado.
El ‘Carnaval Furibista’ que emula al Pibe Valderrama en aquello de “todo bien, todo bien” y se tapa los ojos ante las terribles muertes por ejecución directa de los falsos positivos, los robos alcahueteados desde el Gobierno por inacción en las ‘Pirámides’, los ministros que no se caen pese a que la ética y la moral dicen que deberían haber renunciado al día siguiente de que les pusieran preso al hermano, que les destaparan la olla de los muertos asesinados por las Fuerzas Militares, que se conocieran las ofertas a Yidis, que nombraran en los puestos a gente que no tenía ni cartón profesional y en fin, de todo lo que pasa y pasa.
Por eso, cuando cuentan que llamaron a unos jugadores del Tolima para amenazarlos a ellos y a sus familias si decidían jugar en serio frente al Envigado, nadie puede extrañarse porque es el regreso a épocas de bárbaras naciones, es el retorno a la filosofía del fin justifica los medios que se ha puesto en boga y que desde arriba se predica y se aplica. El fin justifica los medios, así haya que mancillar la Constitución para quedarse otros cuatro añitos y volverla a cambiar para que sean otros cuatro.
En época de bárbaras naciones se secuestraban árbitros y a punta de metralleta les daban paseos en carros por las ciudades, se compraban porteros para que se tiraran hacia la derecha y el balón entrara por la izquierda, se ganaban títulos y estrellas a punta de pistola y chequera.
La Dimayor está obligada a confrontar la versión de los directivos Gabriel Camargo y Alejandro Hernández y llevar el tema hasta sus últimas consecuencias. El retorno a las cavernas de la pistola, el dinero, la intimidación para ganar un partido de fútbol tiene que llegar hasta la Fiscalía y si el señor Iguarán, amante del fútbol, le pone un poco de entusiasmo y ordena investigaciones, se pueden tener conclusiones que deriven en causas penales.
Épocas de bárbaras naciones, ayer y hoy. Se juega y se compite como se vive y el tema está muy grave, pues cuando “todo vale, todo es lícito para conseguir resultados”, predicado desde arriba, todo puede pasar.