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Obama y el pecado original

Adolfo Meisel Roca
14 de noviembre de 2008 – 08:02 p. m.

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“… PIENSO QUE PARTE DEL GENIO DE Estados Unidos siempre ha sido su habilidad para absorber a los recién llegados, para forjar una identidad nacional del grupo disímil que ha llegado a nuestras costas. En esto nos ha ayudado una Constitución que —a pesar de la mancha del pecado original de la esclavitud— tiene como su idea central la igualdad de los ciudadanos ante la ley”, ha dicho el presidente electo norteamericano, Barack Obama.

En cierta forma, ha resultado más fácil para los afroamericanos avanzar en la conquista del derecho a la igualdad jurídica, que a la igualdad económica. Desde que un día, en diciembre de 1955, cuando la costurera Rosa Parks se negó a cederle a un pasajero blanco el asiento que ella ocupaba en la parte delantera de un bus, como era la imposición en el Sur segregacionista de la época, los avances en la conquista de los derechos civiles y los triunfos políticos de los afroamericanos han sido notables. Infortunadamente, ha sido mucho más difícil eliminar los factores seculares de desventaja en el campo económico y social que tiene la minoría negra. Ello se debe a que esa situación obedece a factores estructurales. La manifestación más clara de la desventaja económica de los afroamericanos es que el ingreso promedio de una familia perteneciente a este grupo étnico es apenas el 75% del ingreso promedio de las familias blancas.

En las últimas décadas los historiadores económicos han encontrado que la estatura adulta de una población es uno de los mejores indicadores de su bienestar material, pues en esta se reflejan tanto la nutrición, como la salud y el estilo de vida.

En un documento de trabajo de este año John Komlos, uno de los más influyentes practicantes de la antropometría, como se conoce esta disciplina, encontró evidencia que indica que, en los Estados Unidos, la estatura para los hombres y mujeres blancos aumentó a partir de las cohortes nacidas después de 1975.  En lo negativo, el fenómeno estuvo acompañado de una ampliación de la brecha en la estatura de los hombres blancos con respecto a los afroamericanos. En la actualidad, estos últimos son en promedio 1,0cm más bajos que los primeros. Peor aún fue lo que sucedió con las mujeres afroamericanas. Además de rezagarse con respecto a la estatura de las blancas, éstas presentaron durante la última década una caída en términos absolutos. La estatura promedio de las mujeres negras de las cohortes más recientes es de 162,3cm, es decir, 1,95cm menos que las blancas. Es más, las afroamericanas resultan siendo más bajitas que las nuevas generaciones de todos los países europeos occidentales, incluyendo a España e Italia. Las causas de este declive se encuentran en los bajos niveles de ingreso, el sedentarismo y los hábitos de alimentación, lo cual se ha reflejado en el aumento generalizado de la obesidad en Estados Unidos, que ha sido notable entre las afroamericanas.

Obama ha cambiado la historia de Estados Unidos con su elección como primer presidente afroamericano. Mucho más difícil que esta proeza histórica será borrar las consecuencias de largo plazo que sobre esa sociedad ha tenido el pecado original de la esclavitud. Lo que suceda en materia de la estatura de los afroamericanos a partir de su mandato puede ser un buen indicador de qué tan profundo es el cambio que ha iniciado el pueblo norteamericano.

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