
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
En la última semana de julio el Ministerio de Cultura divulgó el nombre del ganador del Premio Nacional de Poesía 2013: Horacio Benavides, caucano, nacido en 1949, autor de ocho poemarios. El libro que mereció el premio fue una antología, La serena hierba, que Benavides publicó con Monte Ávila Editores de Venezuela. Los jurados del premio —los escritores Piedad Bonnett, Rómulo Bustos y Ramón Cote Baraibar— dijeron esto sobre la obra: “La poesía de Horacio Benavides es de gran poder comunicativo y despliega un lenguaje que posee levedad, rigor y hondura”. Benavides recibió $40 millones como dote; las menciones de honor fueron otorgadas a Felipe Andrés García, Carlos Vásquez Tamayo y Raúl Henao.
El 31 de julio, el escritor Harold Alvarado envió una misiva a la ministra de Cultura, Mariana Garcés. Decía así: “De la manera más cordial e invocando el derecho de petición consagrado en la Constitución Nacional ruego a usted facilitarme por el medio que considere conveniente las actas de premiación de los llamados premios vida y obra y de literatura en la modalidad de poesía de este año recientemente fallados”.
Un día después, Alvarado Tenorio publicó en su página web, Diatribas de Umberto Cobo, un artículo en el que acusaba al Ministerio de Cultura de entregar dicho premio a Benavides por amistades. El texto también fue enviado a varios medios de comunicación ese mismo día y circuló por las redes sociales. “Sabido es que los premios no se los gana quien los merece sino quien tiene amigos entre el jurado y quien ofrece el estímulo —escribió Alvarado en Un premio para las pulgas y los piojos—. De allí que lo protervo no sea no limpiarse un premio, sino no pertenecer a la rosca que lo consiente”.
Alvarado agregó que el libro ganador, publicado en 2012, era una antología de la obra completa de Benavides, que salió a las calles en 2008 editada por la editorial de la Universidad Nacional; por esa razón, aseguró, no cumplía con los requisitos para concursar por el premio. El comité editorial de dicha Colección de Poesía estaba conformado por Piedad Bonnett, Ramón Cote Baraibar y Jorge Cadavid. Los dos primeros, como ya quedó dicho, fueron quienes decidieron entregar el premio de poesía a Horacio Benavides este año.
Dos días después, en las páginas de opinión de El Espectador, el escritor Julio César Londoño respondió a Alvarado. “Benavides se ha convertido —escribió Londoño—, por obra y gracia de este premio, en un blanco militar del necio Alvarado, un señor al que los triunfos ajenos le producen insomnio y erupciones en la piel. Como siempre, el comentario de Alvarado es furioso pero flácido, sin humor, sin ironía, sin argumentos; fluido pero viscoso”.
La pelea bajó de tono la semana siguiente. Y aquí hay un paréntesis: el 9 de agosto Harold Alvarado publicó una nueva entrada en su página, esta vez dedicada a Fernando Rendón, director del Festival de Poesía de Medellín. Alvarado sugería que Rendón derrochaba los dineros públicos a través del festival, aunque sin citar cifras exactas. La columna circuló, como de costumbre, por los correos de varios medios. La historia viene de más atrás, al parecer: en 2009, Rendón demandó a Alvarado Tenorio —de acuerdo con un documento que este último colgó en su página web— por injuria y calumnia.
Un día después, el 10 de agosto, Alvarado envió un mensaje desde la cuenta de correo de Arquitrave (revista de poesía que dirige), que debió de arribar a las cuentas de varios periodistas y amigos. Allí refería un correo que él mismo había recibido, de parte de alguien llamado Renán Arango. Este es el texto de la comunicación:
“Apreciado Harold:
Me turba y me conturba cada que abro cualquiera de tus correos. En ese país de cafres enlutados (…), en donde tus alocuciones y pretensiones de que sea la lucidez (…) la que obre oportunidades a los que no nos hemos avenido y por tanto desde hace rato estamos idos, me duele que de pronto La Parca (…) se te acerque en la forma de algún sicario analfabeta que quiera acallar tus monsergas por apenas los sucios Denarios de esos inconsútiles de siempre (…)”.
En pocas palabras: Alvarado advertía una posible amenaza de muerte, quizá por sus escritos.
El 11 de agosto el escritor Fernando Herrera promovió una carta en apoyo de Horacio Benavides, firmada por 85 escritores más, en la que defendía el premio entregado al poeta, “que ha sido objeto de una carta injuriosa y rastrera por parte de ese tal Harold Alvarado”, según escribió Piedad Bonnett en un correo que incluía la carta. Esta es la misiva enviada por los escritores:
“Felicitaciones al poeta Horacio Benavides por su libro La serena hierba, un título propio de su sereno trasiego por el mundo.
También, por supuesto, celebramos su reciente Premio Nacional de Literatura,
¡Oídos sordos a cualquier lengua envilecida!”.
De los 86 escritores, por lo menos 13 tienen o han tenido una relación directa con el Ministerio de Cultura o el Premio Nacional de Poesía. Juan Manuel Roca, por ejemplo, fue ganador del premio en 2004; William Ospina, por su parte, lo obtuvo en 1992 con El país del viento, cuando existía Colcultura; Felipe García Quintero, quien consiguió mención en el concurso de este año, también fue ganador en 2001 y fue residente artístico en Venezuela en 2004, patrocinado por el Ministerio de Cultura, según consta en su hoja de vida. Fernando Herrera, que envió la carta de apoyo a Benavides, también ganó el premio en 2007 (en cuyo jurado figuraba Juan Manuel Roca). Piedad Bonnett, además de ser jurado del premio en esta ocasión, salió triunfante del mismo en 1994 y fue beneficiaria de una beca de investigación del ministerio en 1998. Fernando Rendón, actual director del Festival de Poesía de Medellín y con quien Alvarado tuvo varios altercados, también es cercano al ministerio a través del festival.
La respuesta más reciente de Alvarado Tenorio llegó el mismo día que la carta. En un texto breve hacía una sátira de los firmantes. En ninguna de las cartas o artículos hay verso; hay palabras duras, recias, pero ningún verso. Ni una frase ingeniosa como la de Jorge Luis Borges: “Hay que tener cuidado al elegir a los enemigos porque uno termina pareciéndose a ellos”.
jtorres@elespectador.com
@acayaqui