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Corea punto com (I)

Rafael Orduz
12 de noviembre de 2008 – 08:41 p. m.

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ES DIFÍCIL ENCONTRAR UN CASO tan paradójico de éxito y frustración en el siglo pasado, como el de las dos Coreas, la del sur y la del norte.

Rodeada de poderosos (China, Japón, Rusia), Corea cruzó el siglo XX de forma tormentosa y agridulce. Primero, como colonia de Japón desde 1910, después de más de 1.300 años de dinastías, hasta la caída del país del Sol Naciente en el 45. Luego, como primer chivo expiatorio de la Guerra Fría, que dividió Corea y que condujo a la sangrienta confrontación entre 1950 y 53, que no resolvió la división y sí dejó devastado el país, y tres millones de muertos. Después, la consolidación de dos modelos opuestos.

Al norte, comunismo hirsuto y culto a la personalidad, hambrunas, programa nuclear, ejército superior al millón de efectivos, e inexplicable sobrevivencia de casi dos décadas a la caída del muro y de los subsidios rusos y chinos. Al sur, planes de desarrollo quinquenales y estrategias de largo plazo en el marco de 18 años de feroz dictadura (1961-79, que culmina con el asesinato del presidente Park a manos de su jefe de inteligencia), que propiciaron la veloz industrialización del país, proseguidas por gobiernos democráticos que le apostaron a colocar a Corea del Sur en el club de las economías más avanzadas.

Corea, con 48 millones de habitantes que viven en un área inferior a la décima parte de la colombiana y que hace 40 años tenía un ingreso per cápita menor que el nuestro de entonces, genera hoy un PIB cercano a los US$900 mil millones y un ingreso por persona de US$19 mil. Exporta US$330 mil millones en mercancías, valor del cual el 32% se clasifica como de alta tecnología.

¿Qué hicieron los coreanos del sur? Como carecían de recursos naturales, debían inventarse la manera de competir, particularmente frente a sus poderosos vecinos. Conocidas son las etapas que recorrieron: sustitución de importaciones, industrialización orientada a las exportaciones basada en industria pesada, química, de maquinaria, electrónica y, finalmente, el énfasis en las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC).

Un hilo conductor de todo el proceso: el objetivo de convertirse en sociedad del conocimiento, es decir, en una nación cuya prosperidad y bienestar se base en éste.

Han creado un sistema educativo que se ha adaptado a las sucesivas fases de desarrollo industrial, en el que la capacitación técnica fue predominante hasta comienzos de los 80, y la formación de recursos humanos para investigación y desarrollo de ahí en adelante.

Cuentan con 58 mil profesionales con título de doctorado dedicados a la investigación (recordemos que en Colombia, en el 94, la comisión de sabios recomendó que el país debía emprender las acciones para contar, en el 2004, con un investigador doctorado por cada mil habitantes, es decir con 40 mil; en realidad, contamos hoy con 4 mil. Véase A. De Greiff,  http://socioenlinea.blog.lemonde.fr ).

Invierten en Investigación y Desarrollo el 3% del PIB.

Tienen 34 millones de usuarios de internet y clasifican como el tercer país del mundo en penetración de banda ancha.

¿Qué nos falta en Colombia? Aunque es lugar común, visión de largo plazo, perseverancia, trabajo en equipo y apuesta radical por la educación y el conocimiento.

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