Publicidad

Para sobrevivir, Hillary tiene que ganar

En esta reñida carrera por la candidatura demócrata a la Presidencia de EU es posible que los “superdelegados” sean los que terminen escogiendo al rival de John McCain.

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

La batalla política entre los demócratas Barack Obama e Hillary Clinton por lograr la nominación de su partido para las elecciones presidenciales de noviembre está más caliente que nunca, y muchos temen que no sea el voto popular el que defina el candidato sino los pesos pesados del partido. A pesar de que Obama le lleva una mínima delantera a quien quiere convertirse en la primera mujer en manejar los destinos de Estados Unidos, analistas políticos coinciden en afirmar que ninguno de los dos tiene la victoria asegurada y que las manos de los grandes del partido pudieran escoger al ganador.

De no definirse la contienda este martes, cuando Texas y Ohio celebrarán sus elecciones primarias, la decisión final podría estar en manos de las luminarias del partido, más conocidos como los superdelegados, que sin importar la voz popular tienen libertad para dar su voto a cualquier candidato.

Eso lo saben muy bien Obama e Hillary y por ello, además de seguir haciendo campaña directa entre los votantes de los estados que aún no han tenido sus primarias, no paran de coquetearles a los superdelegados que también comienzan a sentirse preocupados por las implicaciones políticas que tendrá su decisión.

“Yo todavía no he respaldado a ninguno de los candidatos esperando a que las cosas se definan en las votaciones, pero creo preferiría que mi voto no fuera definitivo porque temo que si eso llega a ocurrir, pudiera quedar la impresión de que las cosas no son democráticas”, dijo Jerome Wiley, uno de los directivos del Comité Nacional Demócrata.

El congresista por California, Xavier Becerra, quien ya mostró su apoyo público por Barack Obama, dice que confía en que los superdelegados se rijan por la voz del pueblo para que haya unión en el partido. “El peor resultado que podríamos tener es no ir con lo que la gente decidió, pues la voluntad de los votantes debe ser lo que mande”, dijo el legislador, quien espera que las cosas se definan antes del 24 de agosto, cuando se realice la Convención Demócrata en Denver para proclamar al candidato del partido.

Pero no todos se mueven con los mismos pensamientos. Y esto es grave para Hillary, que todavía tiene sus esperanzas puestas en la Convención, pues si la elección se hace a nivel política, su marido, el ex presidente Bill Clinton, tiene todo el margen de maniobra por delante. No pasa igual con Obama. No obstante, hay voces discordantes. El gobernador de Virginia, Timothy M. Kaine, dijo que sin importar el resultado, le dará su voto a Obama, porque considera que es la mejor opción y esa consideración debe ser lo que mueva a los líderes al momento de decidir.

Lionell Spruill, quien también es uno de los 795 superdelegados, dijo sentirse confuso, pues aunque le ha dado su respaldo a Hillary Clinton, en su distrito político el ganador fue Obama y está en el dilema de moverse en nombre de los electores o en nombre propio. “Yo voy a revaluar mi posición después de lo que ocurra el martes en Texas y Ohio”, comentó.

Tanto Hillary como Obama esperan que el resultado del martes en Texas y Ohio, le dé más claridad al futuro de la carrera demócrata, pero de no ser así y de seguir cerrada la contienda, la pelea continuará casi hasta el final, cuando muy seguramente gane la nominación quien convenza más a los superdelegados y no el que más le llegue al pueblo.

Ambos saben que la batalla es por lograr el respaldo de las luminarias. Muchos aseguran que muchos de los que ya declararon su respaldo podrían cambiar su voto no sólo pensando en el bienestar del país sino también en su futuro político.

Súperdelegados

A principios de los 70, militantes antiguerra y feministas, tomaron el control de las convenciones. Esto llevó en 1972 a la nominación de George McGovern, el candidato más a la izquierda de todos los aspirantes demócratas, a la elección presidencial. La candidatura fue un desastre, y McGovern fue derrotado por el republicano Richard Nixon, ganador en todos los estados del país excepto en Massachusetts y Washington.

La historia se repitió hasta 1982 cuando el Partido Demócrata creó la figura de los súperdelegados. Decidieron que de los 4.049 delegados que escogen al candidato en la Convención del partido, un 20%, es decir 795, serían súperdelegados. Este nombre se les dio porque en este grupo están prominentes figuras del partido: ex presidentes, ex congresistas, congresistas, y representantes, entre otros.

En caso de que ninguno de los dos candidatos que aspiran alcance el número de delegados necesarios, son los súperdelegados quienes lo eligen. Esta categoría de delegados es libre de votar a quién quiera a diferencia de los delegados ordinarios, designados por los electores estadounidenses durante las primarias y los caucus. Estos delegados ordinarios están obligados a votar por el candidato escogido por los electores de su estado.

Conoce más

Temas recomendados:

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido