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ESTE AÑO ESTÁ DESPIDIÉNDOSE CON cambios enormes a nivel internacional, (nada menos que la entronización afroamericana en la Casa Blanca), y a nivel nacional con el suspenso a que llevan las revelaciones sobre pena de muerte extrajudicial. Es natural esperar también cambios a nivel distrital, para que Bogotá se ponga en la onda tecnológica y ambiental del siglo XXI.
Abundan las razones para insistir en las reformas constitucionales a que nos referimos en esta columna el domingo pasado, para que en Bogotá se cancele la etapa de Distrito Especial que a lo largo de cincuenta años ha servido para desarrollar una capital internacional de importancia pero con fallas muy grandes, en especial la contaminación del ambiente y las caóticas redes de tránsito urbano. Bogotá tiene como su mayor tesoro la altiplanicie sabanera, caracterizada como gran centro de comunicaciones en la zona andina, pero desaprovechada por las limitaciones territoriales de los municipios anexados. Como se hizo hace medio siglo, se necesitan hoy técnicos de prestigio, como fueron en su momento Brunner y Currie, para que tracen un plan regulador de Distrito Capital que abarque el conjunto de la sabana. Esta vez no se necesita que sean extranjeros, porque sobran en Colombia los líderes en todos los campos del moderno urbanismo.
Solucionado el futuro territorial de una Gran Bogotá, se beneficiaría Cundinamarca al quedar como el más rico departamento del centro de Colombia, organizando también otra ciudad capital que podría ser Girardot o Zipaquirá.
Con mirada hacia ese futuro sería más fácil la limpieza del río Bogotá, la delimitación de zonas sabaneras para cultivos de flores, las zonas industriales y ganaderas, las redes de autopistas y caminos vecinales y el control de los desplazados que buscan solucionar sus problemas viniéndose para Bogotá. Esa podría ser la Capital de una nación que también está transformándose en el panorama americano y mundial por su tradición cultural, sus amplios atractivos humanos y turísticos y su organización democrática frente a la peligrosa trayectoria de algunos de sus vecinos.
COLETILLA. – Una ciudad de vida cara y para privilegiados sería esa Gran Bogotá. Así se han defendido ciudades ideales como París y Buenos Aires.