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Sí hay agua en La Guajira

Como pudimos comprobarlo, la crisis que vive el departamento puede ser subsanada con la excavación de pozos profundos en las rancherías, pero la intervención del Estado ha sido mínima en las comunidades wayuus.

Los Wayuus deben tomar el agua desalinizada de un tubo en la parte inferior de la torre instalada hace dos meses en Puerto Virgen. Nelson Sierra
Los Wayuus deben tomar el agua desalinizada de un tubo en la parte inferior de la torre instalada hace dos meses en Puerto Virgen. Nelson Sierra
Foto: NELSON SIERRA G.

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“Bajo la tierra hay corrientes de agua dulce. Si se abren pozos tendríamos una solución, porque la tierra es fértil, pero lo que nos falta es agua”, dice Sergio Cohen Epiayú, quien en estos últimos cuatro años ha visto morir a 3 mil animales, en medio de la tierra árida y casi desértica de la Alta Guajira, donde fueron quedando enterrados, bajo la poca agua salinizada que queda de la última vez que llovió.

La situación que viven los wayuus en La Guajira no es muy diferente a la de quienes viven en Togo, en el centro de África, donde las mujeres caminan cinco kilómetros a diario. Aquí, las acompañan los niños y los recorridos pueden ser hasta de diez kilómetros.

Bajo el sol de mediodía, en Puerto Virgen, donde vive Cohen, el viento no lleva ni el más mínimo rastro de humedad, debido a los bajos niveles de precipitaciones en la Alta Guajira, que de acuerdo con el Ideam en los dos primeros meses del año no han superado los 25 milímetros y a los altos índices de horas/día de luminosidad, que propician una mayor evaporación.

Debajo de una enramada al lado de un embalse casi seco, las mujeres alistan el almuerzo; arroz, chicha, patacones, chivo y pescado, mientras que Cohen, junto al resto de su comunidad, se encuentran bajo un gran toldo, donde se hace entrega de una desalinizadora de agua, con la que se busca dar el líquido a nueve comunidades cercanas, que viven a 247 kilómetros de Riohacha y a 100 de Uribia, la capital de los indígenas.

La entrega hizo parte de una alianza entre la petrolera Repsol y el PNUD, en la que se invirtieron 700 mil dólares, con los que se hizo la instalación de la desalinizadora en Puerto Virgen, una motobomba en un pozo de Cocomona y la adecuación de cinco jagüeyes, pozos artificiales para la recolección del agua lluvia.

Mientras tanto, la gobernación de La Guajira, que aumentó en un 300% las regalías durante el período de 2002 a 2010, llegando al pico de 596 mil millones en 2009, de acuerdo con las cifras de la Dirección de Regalías, poco ha logrado avanzar en el cumplimiento de las coberturas mínimas de agua potable, alcantarillado y recolección de basuras.

Ninguno de los 15 municipios del departamento cumple con las coberturas mínimas estandarizadas en el país, mientras que la Gobernación asegura que esto se debe a que los recursos no alcanzan para satisfacer las necesidades que ha generado la crisis de la sequía.

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Semanas antes de la entrega, Andrea, de 11 años, debía madrugar junto a las mujeres y los niños de Puerto Virgen para caminar por seis horas con el fin de conseguir agua y leña para cocinar. En burro o a pie, tanto las mujeres de Togo como las wayuus deben conseguir entre 20 y 30 litros de agua, de otras rancherías, de los Rojas Pinilla, como popularmente se les conoce a los jagüeyes, que fueron hechos en los años 50 durante su gobierno, o en los depósitos de agua dulce que se encuentran cavando, a muy pocos metros del mar.

Amarilla, blanca o transparente, el agua que se recoge no es menos salubre que la que entrega el Gobierno. De acuerdo con un estudio de la Defensoría del Pueblo, en nueve de los 15 municipios, más de la mitad de las muestras de agua que se tomaron de las empresas que suministran el líquido por carrotanques presentaron algún riesgo.

En Puerto Virgen la situación no es tan diferente. A pesar de que Cohen y su comunidad celebran bajo el sol de la tarde la instalación de la desalinizadora, con bailes tradicionales realizados por una docena de niñas, reconoce que el agua del embalse no es potable, y a pesar de que ha llovido no ha sido suficiente para llenar la represa de la que se alimentan, pero sí suficiente para atraer a los políticos, que en épocas electorales tienen muy claro qué es lo que se necesita en la Alta Guajira.

Para Arnaud Peral, director del PNUD en Colombia, “en términos de autoridades locales más cercanas a la comunidad, no las percibimos. Aquí nunca ha habido un alcalde, no tenemos presencia del Estado ni ningún tipo de respaldo, hay unas brechas muy notables en un territorio como La Guajira”.

El gobierno local sigue enfrentando la crisis con carrotanques, a pesar de que el agua no es apta para el consumo, mientras que sigue retrasándose el avance en la construcción de la segunda fase de la represa El Cercado, con la que se pretendía abastecer de agua a siete municipios con problemas de agua y que hoy solo abastece de agua proveniente del río Ranchería a El Cerrejón y parte de los cultivos en la Baja Guajira.

Cohen celebra. “Ya tenemos agua como la tienen los alijunas (mestizos)”, afirma, pero pide al Gobierno que les brinde la seguridad de que el líquido siga estando allí, y que asimismo les dé esa posibilidad, a quienes hoy siguen caminando kilómetros para conseguir el agua, porque así como en Togo el agua de la lluvia se pierde entre la arena, en La Guajira el agua que brota se saliniza.

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