Publicidad

Réquiem por los N.N

Uriel Ortiz Soto
05 de noviembre de 2008 – 03:57 p. m.

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

En el mes de noviembre dedicado a los difuntos, no queda más alternativa que hacer un alto en el camino y reflexionar seriamente sobre los crueles acontecimientos que enlutan casi todas las regiones de la Patria y de paso como huracán sin anuncio a miles de hogares que lloran la desaparición de uno o varios de sus seres queridos que, un día se despidieron para jamás volver, ignorando que a la vuelta de la esquina el fantasma de la muerte los esperaba para convertirlos en  chivos expiatorios, con el fin de justificar el cobro de recompensas.

En el caso de las Fuerzas Armadas, para ganarse la admiración de sus superiores, disfrutar de una licencia y obtener posterior ascenso. Según informaciones recopiladas por los organismos del Estado, para un falso positivo, no importa la edad, sexo u oficio, basta con que la víctima esté vivita y coleando para convertirla en cadáver, disfrazarla de guerrillero y exhibirla como trofeo de pundonor y valentía. 

Todo indica que los tenebrosos caza –personas, para obtener recompensas, no tienen en cuenta el estatus social de la víctima, además de preferir humildes campesinos, la consiguen también a boca de jarro en las universidades, barrios aislados de las ciudades y pueblos, amas de casa que salen a la tienda de la esquina a conseguir los vivieres para el diario, comerciantes, y en fin, ningún ciudadano en Colombia, con esta nueva modalidad del canje de la muerte por la recompensa, puede sentirse seguro de su propia existencia. 

Si bien las recompensas otorgadas por el Estado a la sociedad civil, por delatar guerrilleros, paramilitares y demás delincuentes de alta peligrosidad, han dado buenos resultados, estas deben tener una reglamentación más estricta, con el fin de evitar que continúen siendo botín fácil de agentes deshonestos del gobierno y delincuentes de toda laya que sin ningún pudor y respeto por la vida de sus semejantes, la negocian al mejor postor sin cumplir el objetivo social para el cual fueron diseñadas de muy buena fe por las autoridades legítimamente constituidas.

¿Hasta cuando la Fiscalía y demás autoridades, continuarán destapando fosas comunes que albergan cientos de cadáveres putrefactos de compatriotas que murieron en circunstancias oscuras? La mayoría de ellos víctimas inocentes que fueron reclutados como simples chivos expiatorios para satisfacer el ego de jefes paramilitares, guerrilleros y delincuencia organizada. Pero, lo más doloroso y cruel es cuando aparecen comprometidas las mismas instituciones del Estado que las promovieron.  

Esas fosas comunes pueden albergar los restos mortales de soldados que, un día con el alma henchida de gozo y de amor por su patria, ingresaron a las filas de las fuerzas del orden, con el ánimo de combatir los enemigos del Estado de Derecho, dejando a sus seres queridos en un mar de llanto, pero que, infortunadamente, según reportes sospechosos, fueron muertos en combate, o muchas veces en falsos positivos, diseñados por agentes oscuros de la institución militar a la cual prestaron sus servicios con amor y valentía.

Pueden albergar también los, despojos mortales, de humildes campesinos que, antes de morir fueron acribillados por balas asesinas de quienes camuflados como autoridades, incendiaron sus viviendas, violaron a sus esposas y finalmente en presencia de sus hijos adolescentes los remataron sin piedad, para luego hacerlos aparecer como guerrilleros dados de baja en combate y así cobrar las recompensas que bondadosamente otorga el Estado, a quienes se dicen “héroes” de la Patria, pero que se están convirtiendo en una forma perniciosa para ocultar la vedad de los hechos y las causas de una guerra atroz que a todos nos oprime.

Es que en Colombia, no nos debemos aterrorizar por nada, aquí se están cometiendo desde hace varios años los crímenes más atroces de lesa humanidad. Cometidos jamás en ningún país del mundo. La destrucción de pueblos enteros con la masacres indiscriminadas de sus familias; el uso de las moto – sierras; el descuartizamiento sin piedad de las víctimas del narcotráfico y la guerrilla son apenas meros asomos de la cruda realidad que estamos padeciendo. ¿Qué decir de los niños de la guerra, que son arrancados de sus hogares a muy temprana edad y llevados a la fuerza para convertirlos contra su voluntad en avezados criminales?

Es claro que el programa de Seguridad Democrática, le está ganando la guerra a la guerrilla, paramilitarismo, delincuencia común y narcotráfico. ¿Pero a que costo contra la sociedad civil? ¿Cuántas familias por estas causas anteriormente enunciadas han preferido abandonarlo todo para salvar sus vidas? Son tres millones de compatriotas que se encuentran desplazadas por la violencia fortaleciendo los cinturones de miseria de las grandes, medianas y pequeñas ciudades.

Se requiere con urgencia revisar las estructuras de las instituciones que luchan por conseguir la paz. Como lo hemos dicho infinidad de veces a través de esta columna: La paz tiene sus enemigos agazapados e infiltrados dentro de las altas esferas del gobierno.

Mientras tanto, elevemos una oración al cielo por los miles y miles de compatriotas desaparecidos, sepultados por sus verdugos y asesinos, como N. N. en las inhóspitas selvas de Colombia.

Comunidad Desarrollo y Gobierno

urielos@cable.net.co

Conoce más

Temas recomendados:

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido