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LA REAL ACADEMIA SUECA DE LA Ciencia le otorgó este año el Premio Nobel de Economía a Paul Krugman (n. 1953), profesor de la Universidad de Princeton.
Krugman es muy conocido en la profesión, porque cada año miles y miles de universitarios en todo el mundo utilizan sus muy exitosos textos de economía internacional. Además, es una figura pública por su columna en el The New York Times, desde la cual ha criticado duramente la administración Bush y sus políticas económicas. En la prensa nacional lo que se ha comentado, en ocasión de su distinción con el Nobel, han sido sus rasgos de formidable crítico de las orientaciones económicas de la era Bush, la cual está llegando a su fin en medio de una de las peores crisis financieras de los últimos 100 años. Sin embargo, en nuestro país se le ha prestado poca atención a las razones por las cuales se le otorgó el Nobel a Krugman.
En el comunicado de prensa, que expidió la Real Academia Sueca de la Ciencia, se señalan dos aportes fundamentales. El primero es su análisis de las características del comercio exterior, y el segundo, sus aportes al entendimiento de la ubicación de la actividad económica.
Desde los tiempos de David Ricardo, a comienzos del siglo XIX, el comercio entre las naciones se explicó por la teoría de las ventajas comparativas. Según esa doctrina clásica, un país se dedicará a producir aquello en lo cual es más eficaz que otros, y a importar aquello en lo cual lo es menos, en términos relativos, permitiendo esto un consumo mayor. Esto último ocurrirá en el caso en que en términos absolutos un país sea más eficaz produciendo tanto lo que exporta como lo que importa. Es decir, es una teoría de los beneficios del comercio internacional.
Sin embargo, con el paso del tiempo se empezó a observar que el grueso del comercio exterior entre los países industriales se concentraba en bienes que ambos países producían y que eran relativamente similares entre sí, lo que se denominó el comercio intraindustrial. Esta situación no se podía explicar con la teoría de las ventajas comparativas.
Precisamente, esa fue la anomalía que Krugman ayudó a explicar en un ensayo de 10 páginas publicado en 1979, cuando apenas tenía 26 años. La explicación que propuso fue que si existen economías de escala en la producción y los consumidores quieren tener acceso a una variedad de productos, resulta lógico que los países se especialicen en unos bienes e importen otros que son similares. Así, los productos resultan más baratos para todos, en comparación a producir todos los bienes en cada país. Es por eso que Alemania le vende automóviles Mercedes Benz a Francia, y a su vez este último exporta Peugeots a Alemania.
Krugman formuló estos argumentos de manera contundente y con gran economía técnica y elegancia formal. Es por ello que pronto estará celebrando en Estocolmo los resultados de un artículo de 10 páginas que escribió hace 30 años.