Macrolingotes

La caldera venezolana

Óscar Alarcón
07 de agosto de 2017 – 11:30 p. m.

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Andrés Eloy Blanco, escritor, político y poeta venezolano, escribió, desde el exilio: “¿Qué tendrá esta patria mía que el hijo vil se eterniza adentro y el hijo grande se le muere afuera?”. Ese parece ser el triste destino de nuestros hermanos. Los consuetudinarios gobiernos dictatoriales han hecho que muchos de sus hijos prefieran vivir en el exilio que en su patria. Colombia fue albergue de dirigentes como Rómulo Betancourt, Raúl Leone, Carlos Andrés Pérez quienes, al retornar la democracia, regresaron a su patria y fueron exaltados a la primera magistratura. Otros, por el contrario, se quedaron a la espera y les tocó morir afuera, como dijo el poeta.

Nadie se atreve a predecir qué puede suceder a la hermana república luego de los continuos ataques a la hoy moribunda Constitución, tan pequeña que es de bolsillo. ¡Quién se podía imaginar que los ricos del vecindario terminarían en situación tan desastrosa! Se ha dicho aquí, y se ha repetido, que el petróleo es una sustancia físicamente líquida, químicamente inflamable y políticamente explosiva. Sí, ese es el origen de los problemas de Venezuela.

Después de las largas dictaduras de Cipriano Castro, Juan Vicente Gómez y Eleazar López Contreras, como otros menores, los dirigentes demócratas de la época, Rafael Caldera, Rómulo Betancourt y Jóvito Villalba suscribieron lo que se conoció como el Pacto de Punto Fijo. Eso dio margen para una Constitución que rigió hasta finales de siglo y sobre la cual, luego de ser electo, el coronel Chávez juró, calificándola de “moribunda”. Implantó un régimen que llamó el Socialismo del Siglo XXI, cuando el socialismo había desaparecido y el nuevo siglo comenzaba sin la Unión Soviética y sin el muro de Berlín. Ni siquiera estaban en la penúltima moda.

¿Qué pasará? De pronto sus dirigentes opositores optarán por el camino del exilio, como ya lo han hecho muchos de sus compatriotas, para desde el exterior luchar para que el hijo vil no se eternice y el hijo grande no se muera afuera. Muy pocos se aguantan esa Caldera.

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