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Presidente y ministro Santos, ¿renunciarían?

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SI AQUÍ FUNCIONARAN LAS RESPONSAbilidades políticas, la crónica de Semana, “Mi hermano fue un falso positivo”, generaría las renuncias de los altos mandos, del Ministro de Defensa y del jefe de todos, el Presidente de la República.

Eso ocurriría sobre todo si el artículo apareciera, como sucede ahora, luego de estar comprobándose que tres coroneles tuvieron que ver con el asesinato de once jóvenes desaparecidos en Soacha y reportados luego como guerrilleros muertos en combate.

La historia es esta: el 30 de abril de 2007, el soldado Luis Esteban Montes pertenecía al batallón de infantería N° 31 de Córdoba. Se acercaba el Día de la Madre. “Los altos mandos, dice, empezaron a preocuparse” porque no tenían resultados ni méritos para que les dieran días libres para visitar a sus familias. Entonces, afirma, “se empezó a hablar de ‘legalizar’ a alguien. Es decir, de matar a una persona para hacerla pasar por guerrillero y así ganarse el permiso para salir”. Montes no se sorprendió porque “las ‘legalizaciones’ son un asunto cotidiano”. Una noche el cabo Jonathan Pineda le dijo: “Ya tenemos el ‘man’ al que le vamos a hacer la vuelta”. Montes lo reconoció: era nada menos que Leonardo Montes, su hermano. Le advirtió que se fuera porque lo iban a matar para hacerlo pasar por guerrillero. Pero él no le creyó. Entonces le dijo al cabo: “Ustedes no pueden matar a ese hombre porque él es mi hermano”. Él lo mandó a hablar con el capitán Jairo Mauricio García. Este tampoco le creyó. Montes le dijo que primero tendrían que matarlo a él. “Por qué no trae a un hermano suyo, capitán, o a su papá y así puede irse contento el Día de la Madre”, le preguntó. Y el Capitán repuso: “A mí no me duele la mano pa matar a ese hijueputa”. Y añade: “Tampoco era difícil encontrar quién lo hiciera porque cada compañía tiene sus dos o tres sicarios, que son siempre los que hacen esas vueltas y se ganan su millón de pesos”.

Luego de que Montes por fin convenció al hermano de que se fuera, a él lo trasladaron a una compañía cercana. Al tercer día de estar ahí escuchó que su anterior compañía había “dado una baja”. Le entró la duda y, con una tía, fue al cementerio. Vieron a un muerto en el piso, rompieron la bolsa y reconocieron al hermano. Y cuenta: “El hueco ya estaba listo y dos soldados lo agarraron de los pies y de las manos y lo tiraron así, sin ataúd ni nada. Supuestamente, le encontraron una granada y un arma en las manos. Pero ya hay un testigo (…) que dice que él le vendió esa pistola al Ejército (…) Días antes, dos soldados de mi pelotón la estaban limpiando con orina para borrarle las huellas”.

Montes demandó al Estado. El mundo se le vino encima. Hoy está en el Batallón Juan del Corral, en Rionegro, donde lo único que le permiten hacer es recoger la basura. Su vida corre peligro. Y el responsable de su muerte también sería el Estado.

Pregunto: ¿si se producen tantos y tan frecuentes asesinatos para generar falsos positivos en la lucha antiguerrilla; si ya salieron por eso tres coroneles; si la historia de Montes es cierta como creo que lo es, no será que ello obedece a que hay detrás una política tácita del Estado?

Si no es así, el Presidente, el ministro Santos y los altos mandos tienen que hacer,  por lo menos, una reflexión profunda y un público mea culpa.

*  *  *

Nota: ¡Bienvenido a la vida Óscar Tulio Lizcano! Y usted, Alfonso Cano, no cometa más errores: ¡Libere ya, sin condiciones, a los demás secuestrados!

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