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Recientemente se prendieron de nuevo las alarmas en la ciudad por los accidentes y muertes en la vía, y en especial por la embriaguez como su causante. Aunque la mezcla de alcohol y gasolina es quizá la única conducta socialmente reprobada y aún hay indulgencia frente a ella, hay otras causas que también llaman la atención por estar en los primeros lugares en cuanto a pérdida de vidas en las calles: cruzar sin observar la vía y el exceso de velocidad son las principales.
El hecho de cruzar sin observar básicamente se refiere a la imprudencia de los peatones, según los registros de la Secretaría de Movilidad, que la presentan como la principal causa de mortalidad en la vía en 2012 y el primer semestre de 2013, con 24,7% y 19,3% respectivamente.
El dato oficial no resulta ser el más justo con los peatones, de acuerdo con aquellos que defienden la movilidad sostenible. La razón es que, además de ser el actor más vulnerable, víctima de más del 50% de muertes en accidentes de tránsito, decir que es descuidado al caminar sería el equivalente a responsabilizarlo incluso de su propia muerte.
Para la directora de seguridad vial de la Secretaría de Movilidad, Liliana Bohórquez, el problema está en manos tanto del conductor como del peatón. “Tenemos la costumbre de culpar al otro, de decir que es el imprudente. Pero debemos asumir responsabilidades individuales”. Sin embargo, la ingeniera también recalca que el conductor debe ser capaz de pensar que tiene el vehículo y, por tanto, la potestad de frenar o reducir la velocidad, porque al caminante nada lo protege.
Precisamente, la segunda causa de muertes en las vías en 2012 fue el exceso de velocidad, con 12,3%. Este año la cifra para esta variable alcanza el 9,6%.
Quienes se han dedicado a investigar los modos de transporte sostenibles y seguros, como Carlos Pardo, de la Fundación Despacio, indican que el “antídoto contra la accidentalidad” es que exista una velocidad máxima de 30 kilómetros por hora, recomendada como la forma de pacificar las calles del mundo. Con ello se reduce además la probabilidad de muerte de una persona en caso de que reciba un impacto de un automotor.
Pero además de la reducción de la velocidad, para Pardo una solución de fondo es cambiar la infraestructura de las vías, debido a la prioridad que siempre ha tenido en función del carro. Bajo esta perspectiva los diseños deberían responder a las rutas más indicadas para los caminantes, tratando de reducir sus tiempos de desplazamiento y haciéndolas más seguras. “Hay lugares en los que son necesarios los puentes peatonales, como en la Autopista Norte en la troncal de Transmilenio, pero en otros puntos hay que dar prioridad al que camina, pues finalmente gasta energía de su cuerpo mientras que el carro gasta gasolina”, agrega.
Desde la otra orilla, Bohórquez señala que la Avenida Caracas, entre calles 60 y 64, tiene andenes, señalización, cruces semaforizados, semáforos peatonales en cada cuadra, y pese a esto es uno de los sectores más críticos. “Así que si la persona decide que la norma no la afecta, no le va a importar que esté disponible la mejor infraestructura”.
Pardo reconoce que, más allá de la discusión sobre la infraestructura, debe haber un equilibrio entre la línea de deseo del peatón y el desarrollo económico de la ciudad, en el que es claro que los automotores son un actor inevitable. En manos de cada ciudadano está pensar en cómo disminuir el caos y no dejar todo en manos del otro o de la administración.