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FUE UNA INSTITUCIÓN TÍPICA DE LA Bogotá de años lejanos. Todavía quedan algunos que venden papeles impresos, pero ya no son voceadores de los periódicos, a quienes la gente asediaba para comprar las últimas noticias.
Si todavía existieran, venderían más diarios cuanto más emocionaran a la gente al gritar lo último sobre los paros de jueces y de indígenas; o el millonario desplome de las bolsas; o los vaivenes de la tercería de Uribe.
Esas “chivas” de último momento, que hicieron las grandes circulaciones de los diarios, ya no son exclusividad de la prensa sino de la instantaneidad de radio, Internet y Tv.. La periodicidad noticiosa está desapareciendo y el papel impreso toma otros rumbos. Hoy las corporaciones de multimedia están a la caza de compradores de nuevas publicaciones especializadas que se disputan un mercado publicitario enorme, extendido a todos los rincones, edades y alfabetos. De allí han nacido los diarios de opinión y análisis de lo que valga la pena desarrollar. También los impresos gratuitos para crear lectores en determinados barrios o rutas de buses. En otro extremo, las ediciones costosas y de gran lujo, para las vanidades del alto mundo.
Los viejos voceadores, que ya no gritan por las calles, se refugian en silencio en kioscos o librerías públicas que son otro atractivo para los nuevos compradores, que son aquellos aburridos del brillo de las pantallas y de los micrófonos abiertos las 24 horas.
Hemos asistido a recientes reuniones en España, México y Colombia, de antiguos y nuevos comunicadores, para debatir, como siempre, sobre la libertad de palabra y los derechos y deberes en esta profesión, y se ha dedicado todavía más tiempo a estudiar sus transformaciones humanas y sociales. Sigue divagándose sobre el futuro de quienes tienen la vocación de averiguar y comunicar. El término genérico de periodista sigue en descenso, y ante la multiplicidad de medios se imponen los mediáticos o inmediáticos, o se regresa al de mensajeros como lo fue Hermes, primer portador de las “chivas” de los dioses griegos.
En ese aspecto se ha actualizado el gremio de voceadores, que ahora en silencio recobra a lectores huidizos o conquista nuevos mercados gracias a los sorprendentes inventos de la multimedia y la electrónica.
COLETILLA.- Hoy la gritería es virtual y amplificada por Internet.