La Nueva Babel y su discordia

Arturo Guerrero
03 de agosto de 2017 – 11:00 p. m.

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El aprieto consiste en que la humanidad perdió los antiguos códigos con que solía entenderse. Los vocablos no dicen lo que antes decían. Dejaron de transmitir pensamientos con una lógica lúcida y pasaron a ser estuches donde se esconden los prejuicios.

Alguien pronuncia la palabra paz y otro comprende la palabra claudicación. Si se dice negocio se entiende coima. Elecciones significa fraude. Amistad quiere decir interés. Amor es desconfianza. El diccionario entró en jubilación.

 El lenguaje ha perdido su virtud comunicativa. Ahora sirve únicamente para diferenciar los distintos bandos en disputa. Cada persona ha de vigilar sus expresiones  pues los demás saltarán encima de su honra cuando descubran su filiación en los distintos campos en que se juega la vida.

La torre de Babel contemporánea es una caldera sin oídos en cuyo seno todos claman y todos suponen entender. En la antigua, la de la confusión de lenguas, al menos los hablantes se daban cuenta de que ignoraban el idioma del vecino. Entonces se conformaban, sabían a qué atenerse.

Hoy no. Hoy se identifican los signos, el alfabeto, los verbos, el cascarón. Pero se tergiversan por completo los contenidos de esas formas, el fondo del mensaje. El sainete consiste en que los que hablan quedan convencidos de haber entendido.

Esta convicción es falsa. Cada cual se comprende a sí mismo y reconfirma su vanidosa sabiduría cuando intercambia con otros su descarga miope. Los demás son espejos que contestan su pregunta: “espejito, ¿cuál es la más bella?”.

Hay diálogo de sordos pero no de mudos, porque todos hablan aunque lo hagan en la jerga de su exclusiva complacencia. Esta jerga es construida por y para los que piensan igual a los del propio grupo. Y cada grupo es un universo paralelo a los demás grupos. No hay tangencias.

¿Cómo llegó el mundo a esta discordia de la Nueva Babel? Es un proceso que no tomó mucho tiempo. Las palabras comenzaron a vaciarse de inteligencia y a llenarse de supersticiones. El pensamiento fue remplazado por creencias. El diálogo degeneró en aplastamiento.

El lenguaje fue una viejísima conquista a la que llegaron los monos inteligentes cuando fueron capaces de abstraer los colores, formas y rugidos de cada uno de los bisontes, hasta concebir la noción generalísima de bisonte. Luego lo pintaron en las cavernas y pensaron que así lo dominaban.

El bisonte abstracto organizó el cerebro humano que sirvió para identificar, diferenciar, clasificar, narrar el orbe misterioso. Ayudó a menguar la niebla del misterio y a juntar alrededor de la candela a los ateridos hombres. Estos empezaron a entenderse.

El largo desarrollo de la lengua es la pérdida mayor del día de hoy. En 15, 20 años, las palabras se contaminaron de dogmas como nunca antes en la historia. Claro, hubo períodos tremendos: oscurantismo, cruzadas, inquisiciones, esclavitud, genocidios.

Pero el verbo extenuado es marca contemporánea. Peligrosísimo bagazo que está enfrentando a hermanos contra hermanos, a paisanos contra paisanos. La amenaza de la Nueva Babel es de título igualmente bíblico.

arturoguerreror@gmail.com

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