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Estamos invitados a hacer un alto en el camino y pensar la problemática educativa para replantearla con responsabilidad histórica y convertirla en el proyecto prioritario para Colombia.
Cuando los candidatos presidenciales se aprestan a concretar sus programas para 2010, sería útil preguntarnos: ¿será cierto que después del proyecto dirigido a la construcción de la paz, el prioritario es el educativo? No estamos en cero; en distintos momentos del siglo pasado y en los inicios del presente, se han hecho aportes y se tienen experiencias significativas. Sin embargo, ha faltado voluntad política para congregar a la mayoría de la población en torno a la trascendencia del papel que la educación tiene en una Nación con las características de Colombia, hoy.
Al tomar distancia sobre los grandes procesos históricos colombianos, podemos encontrar un hito, que se concreta en el proyecto educativo plasmado en el primer gobierno de López Pumarejo, ejercido en el intervalo 1934-1938. Se ha sostenido con propiedad, que el conjunto de sus realizaciones facilitó el ingreso de Colombia a la modernidad. Si nos detenemos en su espíritu visionario, encontramos que una de sus más importantes realizaciones, si nó la más, fue la tomada en torno al desarrollo de la Universidad Nacional. Setenta años después de haber terminado su gobierno, se puede probar empíricamente, el papel estratégico que el Alma Máter de la Universidad Colombiana ha desempeñado en relación con nuestro desarrollo científico – tecnológico y los más importantes avances de la sociedad moderna.
Ahora bien, me inclino a pensar que es conveniente hacer un alto en el camino y pensar la problemática educativa para replantearla con responsabilidad histórica y convertirla en el proyecto prioritario para Colombia.
Naciones como Canadá y Japón en el siglo XX por ejemplo, pueden mostrar diáfanamente cuánto beneficiaron a sus países, cuántica y cuálicamente, las ingentes y planeadas inversiones que hicieron en educación, a partir de los años 50. Si estudiamos los casos de Chile y Cuba, encontraremos también las importantes valoraciones que la UNESCO ha formulado sobre sus logros educativos a partir de 1930 y 1960, respectivamente.
Pues bien, formulémonos dos preguntas significativas: ¿Habrá llegado el momento en que la intelligentzia de todos los sectores sociales, el empresariado, y las fuerzas gubernamentales, nos demos a la tarea de pensar en serio, en que la educación en su conjunto, debe constituirse en la preocupación prioritaria para todos los colombianos? ¿Qué cambios hay que plantear en el proceso de formulación, implementación y evaluación de la política pública educativa, desde el preescolar hasta los postdoctorados?