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En buena hora al departamento del Valle del Cauca se le ocurrió la idea de crear una marca distintiva de esta región que, a manera de sombrilla, identificará las distintas iniciativas y acciones desde lo tecnológico, lo empresarial, lo institucional, lo social y lo económico hasta lo artístico, lo cultural y lo deportivo.
De esta manera, a nivel nacional e internacional, todo lo que provenga de este departamento tendrá un sello que caracterizará y distinguirá lo que aquí se hace, en procura de que se conozcan todas las facetas, la diversidad, la multietnia y, desde luego, el carácter de una tierra agroindustrial con un enorme potencial económico y de liderazgo, derivado, entre otras cosas, del hecho de contar con el océano Pacífico, bien llamado el mar del siglo XXI.
Precisamente, la marca que reza “Valle del Cauca, vive el ritmo del Pacífico” destaca el ritmo laboral y alegre de sus habitantes, que así como estudian, trabajan y se superan, disfrutan también de un clima cálido propicio para el baile, la danza y, claro está, la salsa, expresión popular que une a todos sus habitantes.
Un exalcalde inolvidable, Rodrigo Escobar Navia, dijo alguna vez: “Cali capital Buenaventura”, y casi nadie le creyó a este adelantado, desafortunadamente ya fallecido. Pues bien, pasadas varias décadas se ha comprobado que este puerto es y será determinante para el futuro del departamento y que todo cuanto se haga que no tenga una relación con el Pacífico será un desatino.
Es de destacar que esta marca-región se logró con el concurso solidario de distintos estamentos convocados por la gobernadora Dilian Francisca Toro, quien logró el apoyo de la empresa privada y de los distintos gremios de la producción, incluyendo los creativos publicitarios vallecaucanos que de nuevo se unieron para realizar una campaña totalmente ajena a los slogans políticos y partidistas, lo que garantizará una permanencia en el tiempo y una continuidad que la posicionará como debe ser.
Ojalá este tipo de esfuerzos los acogieran otros departamentos y regiones del país, para evitar tantos y tantos mensajes dispersos que se pierden en la maraña de las muchas campañas que duran menos al aire que un suspiro en la puerta de una escuela.