Las causas de la crisis cartagenera

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No es una paradoja sino todo lo contrario, una relación directa de causa a efecto, el que Cartagena sea la segunda ciudad mas desigual del país, ( la primera sin necesidad de mirar las conclusiones de ningún estudio, tiene que ser Buenaventura. ¿No es cierto?), donde no se ha logrado cumplir una equitativa distribución del excedente económico resultante del auge del turismo y de la industria locales.

Relación directa de causa y efecto que resulta de que quienes toman las decisiones sobre el destino de ese excedente jamás han pensado en distribuirlo; y no lo han pensadono porque sean malas personas, sino porque, de acuerdo con las “leyes del mercado” y de la tal “globalización”, sencillamente no pueden ponerse a distribuir lo que sus competidores tampoco distribuyen porque si lo hacen, sencillamente quiebran.

Que el crecimiento se traduzca en desarrollo, es decir, en un mejoramiento constante y creciente del nivel de vida de todos aquellos que participan en la conformación de aquél, jamás ha pasado de ser una aspiración utópica nunca concretada en las proporciones que corresponde. Acaso algo consiguieron en esa dirección los socialistas y los keynesianos cuando lograron hacerse con la toma de decisiones por las coyunturas económicas muy específicas aunque no fortuitas de las posguerras.

Las variables cualitativas de las estadísticas utilizadas en su editorial son totalmente inapropiadas para siquiera encaminarse en la solución del problema planteado, ya que el desempleo, la insalubridad, la desescolarización y la proliferación de pandillas juveniles son el efecto y no la causa de la inexistente redistribución del excedente económico.

De la misma manera resultan impertinentes las soluciones propuestas sobre mejoramiento de la cooperación y la cultura ciudadana, a concretarse a través de una incipiente intervención estatal, como si la situación de los marginados dependiera de que ellos mismos son groseros o no se organizan, o de que en tales o cuales barrios de la ciudad la presencia del Estado es insuficiente o inexistente, lo cual es cierto, como también lo es que esa presencia no se cubre con las medidas asistenciales que se proponen.

Solo una política macroeconómica de pleno empleo a través de programas planificados de inversión publica eficiente y lucrativa; inversión privada orientada a la producción y no a la especulación (servicios bancarios) y al saqueo (industrias extractivas), como ocurre en la actualidad; fomento de la demanda y el consumo de bienes y servicios básicos como los alimentos el vestuario, la salud, la recreación y naturalmente la provisión de servicios públicos domiciliarios de cobertura general efectiva; lo mismo que líneas de crédito de fomento al emprendimiento y a la productividad interna, después de denunciar los tratados de libre comercio, le servirán no solo a Cartagena, sino a las demás ciudades y regiones del país para inscribirse en un verdadero desarrollo que se sirva del crecimiento para verdaderamente mejorar el nivel de vida de la gente y no que, como ocurre ahora, en ese prurito del crecimiento a ultranza se apoyen las desigualdades y la inequidad, para que cada vez una mayor parte del excedente siga siendo apropiado por una cada vez menor proporción de “inversionistas” y abusivos especuladores.

Para terminar, ojalá se reinventara un nueva versión de la política del presidente López Michelsen cuando, a propósito de la bonanza cafetera de su gobierno en 1976, les devolvió sus frutos a los cafeteros que el centralismo les venía esquilmando de tiempo atrás, con el cuento del diferencial cambiario cafetero y esos artilugios; y que esa nueva versión políticamente sana de entregarles las rentas a los que las producen se manifestara entregándoles la renta de los puertos a los puertos… principalmente a Buenaventura, donde más la necesitan.

Miguel Enrique Quiñones.

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