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Un abrazo obligado

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A PROPÓSITO DEL DÍA DE LA HISPAnidad que se celebra el 12 de octubre ocurren fanfarrias varias para celebrar el histórico encuentro de dos mundos sucedido en 1492 tras el desembarco de Colón en tierras de Indias.

Dichos festejos, como el festival VivAmérica que por estos días ofrece variada programación en Bogotá y Madrid, enarbolan cual velamen de carabela moderna un discurso que remacha una y otra vez la unión de los pueblos, los vínculos culturales, las emociones compartidas a lado y lado del Atlántico. Como si trenzar una amistad fuera una cuestión propia de la estrategia política. O sea, un discurso cultural que en este caso escucho asombrada. Admiro a Felipe González pero no entiendo la foto del ex presidente de la España socialista inaugurando el VivAmérica de Madrid.

Esta cancioncilla cuya estrofa repite que “latinoamericanos y españoles somos hermanos” es pegachenta como los eslóganes de las campañas electorales y por eso no es de extrañar que la mayoría de los premios literarios y poéticos acudan también a dicha estrofa para algo más que ponerle música a su entrega. Acaba de ocurrir con el premio García Lorca de poesía en España. El jurado dice de su ganador, el poeta valenciano e hijo adoptivo de México, Tomás Segovia, que el autor es “de las dos orillas, ya que personaliza a esa generación de poetas que llegó a México por la Guerra Civil, se formó allí y volvió a España para devolver toda esa riqueza a nuestro acervo cultural”. Admito que esta historia debe ser totalmente cierta y además honesta pero me molesta sobremanera que la utilicen de nuevo como argumento para condecorar su carrera poética. Como si éste justificara e incluso pudiera sustituir su calidad.

La realidad de este estrecho abrazo intercontinental en el que algunos creen ciegamente es otra. Lo vivo día a día. Compartimos un lenguaje y un pasado pero la evolución de cada una de las naciones se ha ido gestando de manera muy distinta y en general unas de espaldas a otras. No dudo que nos debamos los unos a los otros cientos de talentos y posibilidades. Me disgusta, sin embargo, la imposición de la alegría que debe inundar nuestros corazones americanos y españoles. Por ahora, lo único que constato es que las multinacionales de la Madre Patria van absorbiendo poco a poco parte del mercado nacional mientras que el Ministro de Trabajo español restringe el empleo para los inmigrantes, entre ellos los cientos de miles de colombianos que residen en el país de Zapatero.

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