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Uribe, Chávez, Correa y Morales, ¿juntos hasta el 2018?

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DESPUÉS DEL PROCESO DE DEMOcratización que se inició en la última década del siglo XX, conocido como “la tercera ola democrática”, el cual significó el fin de una época de dictaduras y de inestabilidad política, la aprobación de la nueva Constitución en Ecuador hace apenas una semana marca la consolidación de un modelo político y de gobierno en todos los países de la región andina, con la excepción, por lo menos por ahora, de Perú. Sin embargo, éste último país ya vivió una situación similar y sus consecuencias.

No obstante las evidentes diferencias resultantes de las particulares condiciones históricas y políticas de cada país, de los aciertos y desaciertos de sus gobernantes y de las indiscutibles divergencias ideológicas entre el proyecto de Álvaro Uribe, por un lado, y los de Chávez, Morales y Correa, por el otro, este modelo se caracteriza por un presidencialismo exacerbado, que se expresa en una creciente concentración de poderes en el Ejecutivo y en el desdibujamiento de la división y el equilibrio entre las ramas del poder público. Algunas de las manifestaciones más comunes de esta situación son las acciones para influir en la composición y nombramiento de los miembros de los órganos judiciales, electorales y de control, y por esta vía en sus decisiones. Asimismo, se expresa en una gran capacidad de incidir en los legislativos, de mayorías gobiernistas, que en muchas ocasiones se limitan a avalar las determinaciones e intenciones presidenciales.

Estas transformaciones han sido posibles mediante el ejercicio de liderazgos carismáticos y personalistas, por la apelación directa a los sentimientos de los ciudadanos, por la utilización de mecanismos propios de la democracia plebiscitaria para refrendar decisiones, y por la puesta en marcha de políticas de corte populista y asistencialista para atender las apremiantes necesidades de sectores sociales tradicionalmente desprotegidos. También se han sustentado en reformas legales y constitucionales promovidas por los mismos mandatarios y por sus amigos políticos para justificar y favorecer sus intenciones. Pero además, han encontrado un terreno abonado en la debilidad y descrédito de los partidos políticos y en la fragilidad de la oposición, que por lo general se ha centrado en atacar a los respectivos presidentes, que cuentan con altos niveles de popularidad, sin presentar propuestas alternativas, creíbles y viables de mediano y largo plazo a los principales problemas políticos, económicos y sociales de sus países.

Pero aquí no terminan las similitudes.  Al revisar las reformas constitucionales aprobadas en el último año en Venezuela, Bolivia y Ecuador, y las propuestas de referendo y de reforma política que están haciendo en curso en el Congreso colombiano, no es descabellado pensar que sus cuatro presidentes estén en el poder hasta finales del 2018…  O más.

*Directora del Programa Congreso Visible, Departamento de Ciencia Política, Universidad de los Andes

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