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Nunca como ahora eta frase, durísima, dicha por el rey Juan Carlos de Borbón a Chávez en una Cumbre Iberoamericana, adquiere tanta urgencia en Colombia. Señor expresidente, Dr. Uribe: pegue los labios, amárrese los dedos, respire profundo. El yoga que supuestamente hace a las cinco de la mañana no le está sirviendo de nada. Ya se ha escrito mucho sobre su asombroso error político al atacar de un modo tan exagerado y falso a un columnista de humor y, a resultas de eso, levantar la mano y, con gran arrogancia, decir que no le importan los señalamientos del gremio nacional e interamericano de periodismo.
Ya sabemos en Colombia el poco humor histórico que han tenido personas parecidas a usted, al menos en lo referido a credos políticos. Me acuerdo, por ejemplo, de la suerte de Jaime Garzón, que acabó abaleado una mañana, en Bogotá, mientras iba a su trabajo, que era el de hacer reír a la gente con la sátira política. Una muerte que está en el prontuario de un conocido suyo con poco humor llamado Carlos Castaño, y en la que participó otro personaje nada propenso a la risa, el general Mauricio Santoyo, casualmente su exjefe de seguridad. Cuando usted señala a alguien, ¿se da cuenta del peligro al que lo expone?
Si bien usted es producto de esa Colombia violenta y muy poco letrada que, por ejemplo, les escribe insultos a los futbolistas del Bayern que van a ser rivales de James, y que le arreaban la madre a Zidane cada domingo, la gente tampoco es tonta, pues el periodista al que usted insultó y puso en peligro es una de las figuras públicas más conocidas y queridas del país.
Por eso, desde el punto de vista estrictamente comercial, el producto que usted le vende a la sociedad colombiana, y por el cual pagamos, según datos del año pasado, la bicoca de $ 1.800 millones al mes, empieza seriamente a avinagrarse, a tener moho, a oler mal. Con estos errores, hasta en Antioquia, donde es un pequeño dios, ya están empezando a ver que las cuentas no salen. Su relación calidad-precio es deficitaria y cada vez más gente lo nota. Usted y su familia ya lograron lo que ansía la mayoría de los que aspiran a la jefatura de un país, que es tener poder y hacerse rico. Sus hijos son, probablemente, los multimillonarios latinoamericanos que con mayor rapidez reunieron una gran fortuna, mientras usted era presidente. Sus tierras se han valorizado gracias a favores del mismo Estado que dirigía, como se supo con lo de los regadíos o las hectáreas de tierra baldía. Ya lo he dicho antes en esta columna: ¡Colombia ha sido muy generosa con los Uribe! Con lo que han obtenido, y con lo que sus hijos amasaron gracias a la información privilegiada para hacer buenos negocios, su estirpe podría vivir sin trabajar muchas generaciones y, como los Kennedy, tal vez lograr, más adelante, la respetabilidad. Pero si se empeña en estas rabietas de dictadorzuelo, creyendo que está por encima de la ley y de la civilidad, las cosas se le pueden complicar. Mejor regálese un año sabático. Váyase a vivir a Londres o Nueva York. Nosotros le pagamos un bonito apartamento y un chofer con librea. Eso nos saldría más barato que mantenerlo acá, insultando a gente de bien e intentando devolver el país a las cavernas.